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viernes, 4 de abril de 2008

Historia de la Unión Cívica Radical: 1955-1972

Balbín y Frondizi, dos caminos para la UCR

El 16 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas argentinas con el apoyo de una gran parte de los partidos políticos opositores, dieron un golpe de estado y derrocaron al presidente Juan D. Perón dando inicio a la llamada Revolución Libertadora. Dentro de la Unión Cívica Radical se abrió entonces un debate, que también se presentó en los demás partidos políticos, referido a la posición a adoptar frente al peronismo, así como con las medidas sociales y económicas tomadas durante el gobierno justicialista.
Un sector del radicalismo propondría una estrategia de alianza y democratización del peronismo. Otro sector propondría una estrategia de prohibición y represión del peronismo. El enfrentamiento entre ambos sectores llevó a la fractura de la Unión Cívica Radical al finalizar 1956 en dos partidos: Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) dirigida por Frondizi, y Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) dirigida por Balbín.
La UCRI llegaría al gobierno con la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962), y la UCRP llegaría al gobierno con la presidencia de Arturo Illia (1963-1966). Ambos fueron derrocados por sendos golpes militares.
Durante la dictadura militar denominada Revolución Argentina (1966-1972) la UCRI y la UCRP adoptaron distintas estrategias. La UCRI apoyó a un sector nacionalista del ejército que asumió la presidencia con Levingston en 1970. En la UCRP, por su parte, apareció una juventud radical que enfrentó a la dictadura, mientras la conducción balbinista iniciaba un diálogo sostenido con Perón y cierta vinculación con el gobierno del general Lanusse.
En 1972 el gobierno militar dictó un nuevo Estatuto de los Partidos Políticos y la justicia le asignó el nombre Unión Cívica Radical a la UCRP, prohibiéndole a la UCRI continuar en el uso de esa denominación, que entonces la cambió por Partido Intransigente, aunque siempre sostuvo ser continuación histórica del partido fundado por Leandro Alem en 1891.

La división de la UCR

En septiembre de 1955, ni bien instalado el gobierno militar de la Revolución Libertadora, se manifiestaron dos grandes tendencias dentro del espectro antiperonista:

* un sector buscaba reestablecer alguna forma de acercamiento y conciliación con el peronismo;
* otro sector buscaba "desperonizar" el país, mediante una estricta política represiva del peronismo y los sindicatos.

Dentro del gobierno el sector conciliador estaba representado por el presidente, el General Eduardo Lonardi, mientras que el segundo sector duro estaba representado por el vice-presidente, el almirante Isaac Rojas y la Marina en general.

El 10 de noviembre de 1955 se constituyó una Junta Consultiva del gobierno militar, presidida por el almirante Rojas, e integrada por representantes de los partidos políticos con excepción del peronismo y el comunismo. Los miembros en representación de la Unión Cívica Radical fueron los unionistas Juan Gauna y Miguel Angel Zavala Ortiz y los intransigentes Oscar Alende y Oscar López Serrot. Dos días después, renunciaron Rojas y todos los miembros, menos los dos representantes de la Unión Federal, con el fin de presionar la renuncia de Lonardi. El 15 de noviembre renunció Lonardi y asumió como presidente el general Aramburu, fortaleciéndose la línea antiperonista dura.
En la UCR nuevamente volvieron a presentarse dos posiciones fuertemente opuestas: los unionistas y algunos intransigentes participaron activamente en la Revolución Libertadora, incluso formando Comandos Civiles paramilitares para tomar sindicatos y reprimir a los grupos peronistas. Otro sector, mayoritariamente intransigente, propuso una posición crítica frente a la Revolución Libertadora, proponiendo buscar un acuerdo con el peronismo y oponiéndose al desmantelamiento del Estado de Bienestar creado durante el gobierno de Perón.
Uno de los actos que más se ha cuestionado a la Junta Consultiva fue su aval al fusilamiento de 27 civiles y militares con que el gobierno militar castigó el alzamiento peronista dirigido por el general Valle en junio de 1956, un hecho que por su inclemencia no tenía antecedentes en la historia argentina.
El 9 de noviembre de 1956 se reunió en Tucumán la Convención Nacional de la UCR. El Movimiento de Intransigencia y Renovación, crítico del gobierno militar, propuso tomar la iniciativa y presionarlo mediante la designación de una fórmula presidencial. Los balbinistas (separados recientemente del MIR), unionistas y sabattinistas, más cercanos a la Revolución Libertadora, rechazaron la propuesta. La Convención Nacional votó a favor de la propuesta intransigente y eligió a Arturo Frondizi como candidato a presidente de la Nación. Los unionistas, balbinistas y sabattinistas, abandonaron entonces la Convención y el 10 de febrero de 1957 formaron un nuevo partido.
Ambos partidos radicales tomaron el nombre de Unión Cívica Radical Intransigente, conducido por Arturo Frondizi, y Unión Cívica Radical del Pueblo, conducido por Ricardo Balbín.
Los intransigentes (UCRI) definieron rápidamente una posición inspirada en la Declaración de Avellaneda pero adaptada a la situación de posguerra, atrayendo a una gran cantidad de sectores juveniles y progresistas extrapartidarios, como los socialistas Dardo Cúneo y Guillermo Estévez Boero, o el forjista Raúl Scalabrini Ortiz, que se caracterizaban por un posición de centro-izquierda nacional no antiperonista, así como por el pensamiento desarrollista sostenido por Rogelio Frigerio desde la revista Qué.
La Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) fue controlada desde un principio por los unionistas, encabezados por Ernesto Sammartino y se vinculó al jefe del gobierno militar, General Aramburu (Potash II, 346-349), para aparecer frente a la opinión pública como expresión política de la Revolución Libertadora.

Reforma de la Constitución Nacional de 1957

El 28 de julio de 1957 se realizan elecciones de representantes para reformar la Constitución Nacional. Proscripto el peronismo los dos partidos políticos principales son radicales. Triunfó la Unión Cívica Radical del Pueblo que obtuvo 2.117.160 votos contra la Unión Cívica Radical Intransigente que obtuvo 1.821.459 votos. Pero debido a que los votos en blanco no se computan, pocos repararon en las consecuencias políticas del hecho de que las personas que votaron en blanco (2.119.147) superaron al partido más votado, la UCRP. La mayor parte de esos votos en blanco provenían de peronistas cuyo partido había sido ilegalizado.
Los convencionales a UCRI, encabezados por Oscar Alende, sostuvieron la ilegalidad de la Convención Constituyente convocada por el gobierno militar y se retiraron. La UCRP por el contrario participó activamente de la misma. Sin embargo, un amplio sector de la UCRP no estaba de acuerdo en incorporar los derechos sociales a la Constitución Nacional y pretendía simplemente reinstalar la Constitución de 1853. En ese momento cumplió un importante rol Crisólogo Larralde que Fernando Blanco Muiño relata así:
"La tarea más importante impulsada por Larralde y que se vincula directamente con el pensamiento social del radicalismo es, sin dudas, la inclusión del artículo 14 bis en nuestra Constitución Nacional. La Convención Constituyente de 1957 debía receptar los derechos sociales que la legislación moderna había ido incorporando y que el texto de 1853 no incluyó. Las fuerzas políticas que integraron esa convención no estaban muy convencidas de hacerlo pues ello significaría, por un lado, eliminar privilegios de las clases dominantes y por el otro, reconocer los aportes llevados adelante por el derrocado gobierno de Juan Perón. En ese marco se discutió la incorporación del artículo 14 bis reconociéndose que un sector importante del bloque radical no quería acompañar su inclusión. Entonces, Larralde, Presidente del Comité Nacional, viajó a Santa Fe y monitoreó personalmente el comportamiento de cada convencional, llegando a sentarse al fondo del recinto el día de la votación, con el fin de garantizar que todos apoyaran la redacción propuesta. Y así sucedió, lo que permitió incluir el artículo y modernizar, de esa manera, nuestro texto constitucional".

En la elaboración del artículo 14 bis tuvo un papel destacado el convencional balbinista entrerriano Luis María Jaureguiberry, de la UCRP quien en el debate destacaba definió el artículo como "una transacción de contenido histórico entre los que querían mantener la intangibilidad de la Carta del 53 en su redacción y los que deseábamos colocarnos en nuevos tiempos para no marchar a la zaga en principios de avanzada social".

Inmediatamente después de aprobado el artículo 14 bis referido a los derechos del trabajo, los convencionales conservadores y sabattinistas se retiraron de la Convención Constituyente dejándola definitivamente sin quórum para evitar que se siguiera avanzando en la sanción de derechos sociales y económicos. El hecho fue duramente criticado desde las fuerzas políticas progresistas.

Elecciones presidenciales de 1958

El 23 de febrero de 1958 se realizó la elección para presidente. Los dos principales candidatos son radicales: Arturo Frondizi por la UCRI y Ricardo Balbín por la UCRP. La población que adhería al peronismo se volcó francamente en favor de Frondizi, quien triunfó con 4.049.230 votos en todas las provincias, contra 2.416.408 votos que obtuvo Balbín.

La victoria de la UCRI cayó como un balde frío en las Fuerzas Armadas, pero las presiones de los sectores que promovían instalar un gobierno militar duradero, llamados "quedantistas" en aquel entonces, fracasaron.

Gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962)

Su periodo de gobierno se caracterizó por adoptar el desarrollismo como política básica de gobierno, a partir de las recomendaciones de la CEPAL y las definiciones de la llamada teoría de la dependencia desarrollada a partir de los años 1950 por intelectuales de toda América Latina.

Sus principales colaboradores fueron: Rogelio Frigerio, Gabriel del Mazo (uno de los padres de la Reforma Universitaria), Oscar Alende (gobernador de la provincia de Buenos Aires), Roque Vítolo, Rodolfo Martínez.
Con el fin de promover la industrialización acelerada del país promovió el ingreso del capital industrial extranjero. Profundizó la política petrolera de apertura al capital extranjero impulsada por Perón desde 1952 y firmando contratos con las empresas privadas para subsidiar la explotación del petróleo argentino.
En un curso político similar, autorizó el funcionamiento de las universidades privadas, en gran medida presionado por la Iglesia Católica.
Sus políticas económicas y educativas generaron gran resistencia entre los sindicatos y el movimiento estudiantil, como las grandes huelgas de los trabajadores petroleros, ferroviarios, de la carne, bancarios y metalúrgicos. En 1959 se producen también las grandes movilizaciones obrero-estudiantiles organizadas por la FUA contra las universidades privadas conocidas por uno de sus slogans: Laica o Libre.
Las protestas populares fueron duramente reprimidas llegando a utilizar el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), elaborado durante el peronismo, aunque nunca puesto en práctica, que ponía a los manifestantes bajo jurisdicción de los tribunales militares.
Durante el gobierno de Frondizi se sancionó una nueva Ley Sindical. Se triplicó la producción de petróleo obteniéndose el autoabastecimiento. Se pusieron en marcha grandes proyectos hidroeléctricos como el Chocón. Se construyó una extensa red caminera. Se dio gran impulso a la petroquímica, la siderurgia, la tecnificación del agro y la multiplicación de escuelas de educación técnica, abriendo una década (1963-1974) en la que Argentina registrará las tasas de crecimiento más altas del mundo y se eliminará prácticamente la pobreza.
El gobierno de Frondizi estuvo sumamente restringido por el poder militar. Sufrió 26 asonadas militares y 6 intentos de golpe de estado. En cada caso los militares imponían nuevas condiciones, que entre otras cosas se manifestaron en los funcionarios conservadores que debió incluir en su gabinete, como de Alvaro Alsogaray y Roberto Alemann, en el ministerio de Economía, y otras personalidades como Miguel Ángel Cárcano, Federico Pinedo, y Carlos Muñiz, todas ajenas a la UCRI.
Su política exterior se caracterizó por mantener una clara posición independiente, estableciendo buenas relaciones con la administración de John F. Kennedy, y al mismo tiempo se opuso a la expulsión de Cuba de la OEA, reuniéndose con el argentino y representante del gobierno cubano Ernesto Guevara en la residencia presidencial de Olivos.
En 1961 Frondizi anuló la ilegalización del peronismo. En las elecciones de 1962 el peronismo ganó la gobernación de 10 de las 14 provincias, incluida la poderosa Provincia de Buenos Aires, donde triunfó el combativo dirigente sindical textil Andrés Framini.
Las Fuerzas Armadas exigieron que Frondizi anulara las elecciones, lo que no sucedió, desencadenando el golpe de estado que lo derrocó, el 29 de marzo de 1962. Frondizi, fue arrestado y confinado en la isla Martín García y más tarde en Bariloche hasta 1963. Luego de una serie de hechos tragicómicos, la presidencia le es arrebatado a los militares golpistas por una maniobra de uno de los miembros de la Corte Suprema, Julio Oyhanarte y el ministro del Interior, Rodolfo Martínez. Aprovechando el agotamiento de los líderes golpistas que se habían ido a dormir una vez concluido el golpe, Oyhanarte organizó el juramento como presidente, del presidente del Senado José María Guido. Al despertarse, azorados, los líderes militares le tomaron un examen en la Casa Rosada al nuevo presidente, autorizándolo a seguir en su cargo y asentando en un acta las medidas que el nuevo presidente debía adoptar (entre ellas anular las elecciones).
Arturo Frondizi aún detenido, promoverá primero la creación de un frente entre la UCRI y el peronismo, llamado Frente Nacional y Popular. Pero un sector mayoritario de la UCRI decide separarse del frente y presentar como candidato propio a Oscar Alende, haciendo fracasar así el intento de alianza.
Desde su confinamiento en Bariloche, Frondizi le envía una carta a Oscar Alende que fue publicada en el diario La Prensa el 30 de mayo de 1963 en donde dice:
"Desde que el radicalismo intransigente se ha manifestado como expresión política diferenciada, ha adoptado por objetivo fundamental unir las capas populares y orientar la participación de los trabajadores hacia las grandes soluciones nacionales (...). Toda actitud que excluya la participación orgánica del justicialismo en la construcción de una gran nación conspira contra la República, contra el pueblo y contra la esencia misma del radicalismo".
Desde ese momento, Frondizi decide abandonar el radicalismo, en sus dos expresiones partidarias (UCRI y UCRP) y construir un partido desarrollista: el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).

Gobierno de Arturo Illia (1963-1966)

El 7 de julio de 1963 se realizaron las elecciones presidenciales. Los candidatos peronistas fueron ilegalizados nuevamente. Por esa razón, otra vez los dos candidatos principales fueron radicales: Arturo Illia de la UCRP, y Oscar Alende de la UCRI. En la UCRP Ricardo Balbín y Miguel Angel Zavala Ortiz (unionista) habían renunciado a ser candidatos, presionados por la derrota del "ala conservadora" de la UCRP en 1958, pero también porque pensaban que la UCRI volvería a ganar, repitiendo la alianza con el peronismo inhabilitado para presentarse a elecciones. Pero en la UCRI, los sectores no identificados la estrategia de alianza con el peronismo impulsada por Frondizi desde su reclusión, fracturaron el partido y presentaron la candidatura presidencial de Alende.
El 28 de julio de 1957 se realizaron elecciones con el siguiente resultado:
Elecciones presidenciales de 1963
Partido Cantidad de votos
Unión Cívica Radical del Pueblo-UCRP (Illia) 2.441.064
en blanco 1.827.464
Unión Cívica Radical Intransigente -UCRI (Alende) 1.593.992
UDELPA (Aramburu) 728.662
Demócrata Progresista 633.934
Partidos del Centro (Olmos) 499.822
Demócrata Cristiano (Sueldo) 324.723
Socialista Argentino (Palacios) 288.339
Socialista Democrático (Orgaz) 258.787

Una vez más, la cantidad de votos en blanco, que expresaban al electorado peronista impedido de votar, sumaba un gran porcentaje. Curiosamente, en esta elección, los votos en blanco fueron declarados válidos, para excluir a los partidos más pequeños, que precisaban alcanzar el piso del 3% de los votos válidos para poder ingresar al Parlamento.
La UCRP ganó en 12 provincias (Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Chubut, Entre Ríos, Formosa, La Rioja, Misiones, Río Negro, Santa Cruz, Santa Fe y Santiago del Estero); la UCRI se impuso en 4 provincias (Corrientes, Jujuy, La Pampa y Tucumán). Otros partidos se impusieron en 6 provincias.
Illía era un médico radical intransigente radicado en Córdoba donde había sido vice-gobernador entre 1940-1943 siguiendo a Santiago del Castillo, y elegido gobernador en las anuladas elecciones de 1962. Fue uno de los fundadores del Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR) en 1945, perteneciente a la Línea Córdoba, o sabattinista, y sus posturas en general eran más progresistas que las de Balbín. En gran medida inspiraría su gobierno en Declaración de Avellaneda elaborada dos décadas atrás.
El 12 de octubre de 1963 asumió Arturo Illia como presidente. Su vice-presidente fue Carlos Humberto Perette.

Al formar el gabinete, Illia utilizó una política llamada en aquel entonces de "equilibrio pendular", buscando equilibrar las tres grandes tendencias que en ese momento se habían organizado en la UCRP:

* la coalición unionista-larraldista (Crisólogo Larralde había muerto en 1962)
* el balbinismo
* la Línea Córdoba o sabattinistas, base de apoyo de Illia.

El gabinete estableció un equilibrio preciso entre unionistas y balbinistas. Los balbinistas ocuparon los ministerios de Economía, Educación y Trabajo que correspondieron a Eugenio Blanco (y luego Juan Carlos Pugliese), Carlos Alconada Aramburu y Fernando Solá. Los ministerios de Relaciones Exteriores, Obras Públicas y Defensa, fueron asignados a los unionistas Miguel Angel Zavala Ortiz, Miguel A. Ferrando y Leopoldo Suárez, luego de una dura lucha interna. Los dos ministerios restantes, Interior y Salud Pública, fueron ocupados por el balbinista-sabattinista Juan Palmero y por el unionista Arturo Oñativia pero hombre de confianza del presidente. En la conformación del gabinete quedaron excluidos los larraldistas, que pretendían el Ministerio de Trabajo, pero resultaron definitivamente bloqueados por Balbín
En el Congreso, el balbinista Arturo Mor Roig fue elegido presidente de la Cámara de Diputados, cargo en el que habrá de destacarse.
Una de sus primeras medidas fue anular los contratos petroleros firmados con empresas extranjeras por Arturo Frondizi, pagando cuantiosas indemnizaciones, y reservando a la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), dirigida por Facundo Suárez, la actividad de exploración y la compra de la producción a las empresas concesionarias. En aquel momento fue muy aplaudido por los sectores nacionalistas y de centro-izquierda, pero años más tarde, algunos sectores progresistas criticarán esa decisión por rechazar de plano el capital extranjero, incluso dentro de las corrientes alfonsinistas de la UCR.
Illia sancionó también algunas importantes leyes laborales y sociales como la que crea el Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, que establece un organismo tripartito, y la llamada Ley Oñativia de Medicamentos, que estableció serias regulaciones a la producción de medicamentos por parte de los laboratorios, incluyendo un principio de socialización de los medicamentos. La ley fue acusada de comunista por parte de los sectores conservadores y es considerada como una de las causas inmediatas del derrocamiento de Illía.
En materia económica, el gobierno de Arturo Illia tuvo una política de ordenamiento del sector público, de disminución de la deuda pública y de impulso a la industrialización. Se creó la Sindicatura de Empresas del Estado, para un control más eficaz de las empresas públicas. La evolución del Producto Bruto Interno durante ese período fue del 10,3% para el año 1964 y del 9,1% para el año 1965. La evolución del Producto Bruto Industrial fue del 18,9% para el año 1964 y del 13,8% para el año 1965. La deuda externa disminuyó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones. El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.
Durante el gobierno de Illía los sindicatos organizados en la CGT, tanto la mayoría peronista de las 62 Organizaciones como la minoría comunista del MUCS, mantuvieron una actitud sumamente combativa, llegando a implementar una dura estrategia de tomas de fábrica, que alarmó a los sectores conservadores y que suele también invocarse como causa inmediata de su derrocamiento.
Adicionalmente, Arturo Frondizi, que era el presidente constitucional y no pudo participar en las elecciones de 1963 por encontrarse detenido por los militares, fue un duro crítico del gobierno de Illia y alentó abiertamente su derrocamiento.
Finalmente, la mayor parte de la prensa, y en especial la revistas Todo y Primera Plana y los periodistas Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, desarrollaron una crítica sumamente destructiva, denominándolo "la tortuga", que deterioró su imagen pública. Décadas después, ambos periodistas se manifestarán arrepentidos por ese accionar.
Illia también tuvo fuertes desaveniencias con los miembros de la UCRP dentro de su propio gobierno. Por un lado el vice-presidente Perette, le restó permanentemente poder a Illia, por su decisión de co-gobernar. Por otro lado el ministro de Economía, Eugenio Blanco, se vio enfrentado por el equipo radical en el Banco Central (Félix de Elizalde y Alfredo Concepción) aliados con el canciller Zabala Ortiz. Adicionalmente, en el Congreso, el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Fernández quie respondía a Illía, mantenía un duro enfrentamiento con los balbinistas, encabezados por Juan Carlos Pugliese. Y finalmente, Miguel Angel Zabala Ortiz, mantuvo una dura puja con el presidente Illía, criticando la mayor parte de sus políticas progresistas. Un ejemplo de ello fueron las críticas a Facundo Suárez, a cargo de YPF, o la visita del canciller a Vietnam del Sur en apoyo de la acción norteamericana allí, que contaba con la desaprobación del presidente.
Lo cierto es que, el gobierno de Illía, se vio doblemente debilitado por su intención de aplicar la Declaración de Avellaneda; por una parte, rechazado por su posición de centro-izquierdista por una parte considerable de la UCRP y sus aliados, y por otra parte rechazado por la posición marcadamente anti-peronista y anti-sindical que la UCRP había sostenido desde el golpe militar que derrocó a Perón.
Pese a todo, el gobierno de Illia iniciará una década (1963-1974) de extraordinario crecimiento económico, en la que Argentina alcanzará las tasas más altas del mundo. Paradójicamente, será una década de desavenencias y extrema violencia política y social, que terminará en una tragedia histórica en 1976.
El 26 de junio de 1966, el general Juan Carlos Onganía derrocó al presidente Arturo Illia, e inició una dictadura de tipo permanente que será conocida con el nombre de Revolución Argentina.
Contemporáneamente, existe una inhabitual unanimidad de la sociedad argentina para reconocer en Arturo Illía un ejemplo del político honesto e incorruptible.

Revolución Argentina

Protagonismo de la juventud durante el onganiato (1966-1970)
Una gran cantidad de sectores políticos y sociales apoyaron o toleraron al nuevo gobierno militar de Onganía. Transcurrirá un tiempo para que los grupos políticos, sindicales y sociales progresistas, comprendieran la nueva naturaleza de la Revolución Argentina, como dictadura permanente, lo que O'Donell llamará más tarde, Estado burocrático autoritario.
El régimen militar prohibió la política y disolvió los partidos políticos. Ante ello el funcionamiento de los partidos políticos, salvo excepciones, cesó. Una de esas excepciones fue el 17 de noviembre de 1966 cuando las fuerzas de seguridad detuvieron al presidente de la UCRP de la Provincia de Buenos Aires, Raúl Alfonsín, aunque por un breve tiempo, por haber reabierto la sede principal.
Con las actividades de los partidos políticos suspendidas, la juventud, tanto sindical como universitaria, desempeñó un rol activo en la recuperación de la vida política.
Una de las primeras decisiones de Onganía fue intervenir la Universidad. La Universidad había funcionado autónomamente desde 1955 siguiendo los principios de la Reforma Universitaria. Muchos se refieren a esa época como la edad de oro de la universidad argentina. En Buenos Aires, espontáneamente, autoridades, docentes y estudiantes de todas las tendencias se unieron para ocupar varias facultades, especialmente Ciencias Exactas y Filosofía. Se produjo entonces una gran represión conocida como la Noche de los Bastones Largos. Pero también comenzó a aparecer una tendencia a la acción conjunta, por encima de las pertenencias partidarias, para enfrentar al gobierno militar.
Poco después, en agosto de 1966, el movimiento estudiantil cordobés, conducido por Franja Morada, aún no plenamente identificada con el radicalismo, y otros grupos estudiantiles (los socialistas del MNR, los comunistas del MOR y los trotsquistas nacionales del AUN), declararon una huelga estudiantil por tiempo indeterminado contra la intervención. La represión policial del 12 de septiembre, en la que es intencionalmente asesinado Santiago Pampillón, desencadenó la primera pueblada obrero-estudiantil, con apoyo de la CGT local, que anticipaba futuras puebladas como los Rosariazos y el Cordobazo, que pondrán en jaque al gobierno militar.
Por aquel entonces, el pensamiento reformista de dirigentes estudiantiles como Guillermo Estévez Boero y su teoría del Frente del Pueblo, comenzaba a insistir en la necesidad de superar la antinomia peronismo-antiperonismo, para formar una alianza entre radicales, peronistas y sectores progresistas que pueda establecer una democracia consolidada sobre un programa de liberación nacional. Influida por estas ideas, en 1968 un grupo de jóvenes radicales que luchaban contra la dictadura militar constituyeron en la ciudad de Santa Fe, frente a la laguna Setúbal, la Junta Coordinadora Nacional y definieron a Franja Morada como organización universitaria del radicalismo.
"Una manifestación de la oposición política cada vez más militantes al gobierno fue el encuentro de los delegados de la juventud del Partido Radical en Setúbal, Santa Fe, en noviembre de 1968 y la formación por su parte de la "Junta Coordinadora Nacional Previsora de la Juventud".
Una nueva generación de jóvenes radicales comenzaba a emerger, entre los que se encuentraban el Changui Cáceres, Sergio Karacachoff, Fredi Storani, Leopoldo Moreau, Marcelo Stubrin, Adolfo Stubrin, Enrique Nosiglia, Facundo Suárez Lastra, entre otros.
Con la política prohibida, el dilema crucial para la juventud de aquellos años era la opción por la lucha armada. Franja Morada, la Junta Coordinadora Nacional, y algunos de sus aliados, como los socialistas del MNR, adoptaron un programa de liberación nacional de centro-izquierda, rechazando expresamente la lucha armada, que adoptaron otros sectores juveniles del peronismo, del catolicismo, del nacionalismo y de la izquierda.
Las consignas que distinguieron a ambos grupos fueron "Elecciones libres y sin proscripciones", como alternativa a "Ni golpe ni elección, revolución".
El triunfo electoral en 1970 de Salvador Allende en Chile quien proponía una, para entonces novedosa, "vía pacífica al socialismo", fue una importante influencia a favor de la vía pacífica en Argentina. Por el contrario, el éxito de la Revolución Cubana, el asesinato del Che Guevara en 1968 y el golpe militar contra Allende, en 1973, fueron factores que impulsaron a los jóvenes argentinos hacia la lucha armada.
Fuertemente presionada por ese marco y la violencia creciente en el país y la aparición de organizaciones guerrilleras, Franja Morada y la Junta Coordinadora, participaron activamente en los dos Rosariazos y el Cordobazo, que deterioraron el poder de la dictadura militar.
El 25 de mayo de 1970, la UCRP realizó una breve manifestación en la que habló Balbín.
En junio de 1970 cae el general Onganía, y con él el proyecto de dictadura permanente, para abrir el camino a una nueva salida electoral.

La salida electoral (1970-1973)

Desplazado Onganía, el general Levingston fue designado presidente por la Junta de Comandantes. Propuso una la salida electoral en 4 o 5 años y un plan que tenía como uno de sus objetivos el colapso de la UCRP y su reemplazo por un partido de centro-derecha, potencialmente encabezado por Arturo Mor Roig.
Por su parte la UCRI, dirigida por Oscar Alende, apoyó la llegada al poder del general Levingston, que tenía una tendencia nacionalista-desarrollista, y participó en el gabinete a través de Aldo Ferrer.
Sin embargo la mayoría de las fuerzas políticas progresistas rechazaron el plan electoral del nuevo gobierno militar y exigieron una salida electoral rápida. El 11 de noviembre de 1970, representantes del la UCRP, el peronismo, el socialismo, el bloquismo, y los conservadores populares, emitieron un documento denominado “La hora del pueblo”, en el que se exigía elecciones inmediatas, sin exclusiones, y respetando a las minorías. Por la UCRP firman el documento Ricardo Balbín y Enrique Vanoli. La Hora del Pueblo marcó un notable cambio en la historia argentina, a partir del dato de que es la primera vez que radicales y peronistas actúan políticamente juntos (Potash, 197). Simultáneamente los máximos dirigentes de la UCRP establecerán una línea de contactos frecuentes con el general Lanusse, a quien brindarán un relativo apoyo para impulsar una salida electoral.
Reapareció entonces una cierta actividad de los partidos políticos. En la UCRP, Raúl Alfonsín, quien era presidente del radicalismo de la Provincia de Buenos Aires desde 1965, comienza a aglutinar a su alrededor a un grupo de dirigentes con tendencias social-demócratas. Entre ellos están Bernardo Grinspun, Roque Carranza, Germán López, Raúl Borrás, entre otros.
El balbinismo, conducción oficial de la UCRP, había expresado su crítica a la dictadura militar que derrocó al gobierno de Illia. Balbín había mantenido contactos con Perón desde 1967 y el 25 de mayo de 1970 habló en un acto relámpago organizado por la UCRP en Buenos Aires que fue cubierto por el diario La Nación. En ese entonces, estaban incluidos en el campo balbinista dirigentes como Hidalgo Solá, Arturo Mor Roig, Antonio Tróccoli, Juan Carlos Pugliese, Enrique Vanoli, Rubén Rabanal, Cesar García Puente, Julián Sancerni Jiménez, Raúl Zarrielo, Carlos Raúl Contín, Juan Trilla, entre otros.
Finalmente, en la Línea Córdoba (sabattinismo), se encontraban Arturo Illia y Victor Martínez.
Antes de finalizar 1970, el presidente militar Levingston invitó a los ex presidentes que viviesen en el país (excluyendo así a Perón) a una reunión para brindarle consejo. Guido y Frondizi aceptaron. Illia y Onganía rechazaron la invitación.
El gobierno de Levingston no se sostuvo, y menos de un año después de asumir, el 21 de marzo de 1971, fue reemplazado para que asuma el general Lanusse.
Ricardo Balbín, como presidente de la UCRP, mantuvo conversaciones con Lanusse para coordinar una salida electoral. Lanussse quería que el radical balbinista Arturo Mor Roig fuere su ministro del Interior, encargado de instrumentar la transición. Adicionalmente coinciden en promover un régimen electoral y de partidos políticos rígidamente bi-partidista, en el que el peronismo representaría las fuerzas de centro-izquierda, y el radicalismo las fuerzas de centro-derecha. Finalmente, Lanusse se compromete a otorgar la sigla de Unión Cívica Radical a la UCRP, y exigir a la UCRI el cambio de su nombre (se llamará primero Alianza Popular Revolucionaria y luego Partido Intransigente).
La Hora del Pueblo avalará unánimemente a Mor Roig como ministro del Interior, y este renunciaría a la UCRP para asumir su cargo. Más adelante, Hidalgo Solá y Antonio Tróccoli, rechazarán el ofrecimiento a ser ministros del gobierno militar. Dice Potash que "los radicales deseaban evitar cualquier paso que los identificara como un partido 'oficialista'".
Por entonces (1971-1972), los jóvenes de la Junta Coordinadora comienzan a acercarse a Raúl Alfonsín, y el alfonsinismo comienza a definirse como línea interna frente al balbinismo-unionismo, que adoptará la denominación de Línea Nacional.
En 1972, por primera vez, Franja Morada, en alianza con el MNR (socialistas populares) gana la Federación Universitaria Argentina (FUA) que, a partir de entonces, conducirá ininterrumpidamente durante las siguientes décadas.
En septiembre de 1972, en Rosario, la línea alfoninista y los jóvenes de la Coordinadora crean el "Movimiento Renovador Nacional", reclamando un programa de carácter "nacional, popular, democrático y liberador", y constituyéndosae en el ala izquierda del radicalismo. Proclaman entonces a Raúl Alfonsín-Conrado Storani como pre-candidato presidencial en las internas de la UCR.
En las elecciones internas se impuso el balbinismo-unionismo, en tanto que el alfonsinismo obtuvo la minoría, por haber alcanzado más del 25%. El candidato presidencial será, por tercera vez en la historia de la UCR, Ricardo Balbín. Balbín cierra su campaña electoral con una frase: "el que gana gobierna y el que pierde ayuda".

El 11 de marzo de 1973 se realizaron las elecciones y los resultados fueron:

* Cámpora-Solano Lima (FREJULI): 5.908.414 votos (49,5%)
* Balbín-Gamond (UCR): 2.537.605 (21,29%)
* Manrique-Martínez Raimonda () 1.775.867 (14,9%)
* Alende-Sueldo (Alianza Popular Revolucionaria): 885.201 (7,43%)
* Otros: 800.000 (aprox)

El peronismo volvía al poder luego de 17 años de proscripción.

Historia de la Unión Cívica Radical: 1943-1955

En el año 1943 por primera vez en la historia argentina la industria fue más importante que el campo. La II Guerra Mundial hizo estallar la industria y millones de migrantes rurales, diferentes de los anteriores migrantes europeos, se trasladaron del campo a la ciudad para trabajar en las fábricas, principalmente del cordón de Buenos Aires. El país estaba listo para un cambio completo, económico, social, político y cultural.
Ese año comenzó a tomar forma el peronismo, con un programa de reformas laborales largamente reclamadas por los sindicatos y obteniendo el apoyo masivo de esa nueva clase obrera que se expandía velozmente con la industrialización del país. El país se dividió en dos bandos cada vez más enfrentados: peronistas y antiperonistas. La Unión Cívica Radical llegó a esta encrucijada histórica conducida por su ala conservadora, el alvearismo, también llamado unionismo y con una minoría con peso en la juventud que venía emergiendo con un programa de centro-izquierda de tipo nacionalista, que revalorizaba el pensamiento de Yrigoyen. El agotamiento del alvearismo-unionismo abrieron paso a una nueva generación de líderes radicales, que se definirían yrigoyenistas e intransigentes.
Una de las consecuencias directas de la Segunda Guerra Mundial sobre la realidad argentina fue el salto que dio el proceso de industrialización. En 1943 por primera vez el índice de producción industrial superó al agropecuario. Las exportaciones industriales aumentaron del 2,9% del total en 1939, al 19,4% en 1943, encabezadas por la industria textil. Por otra parte la Gran Depresión de 1929 había limitado la corriente migratoria europea, de modo tal que una nueva corriente de migraciones internas estaba transformando por completo, cuantitativa y culturalmente, a la clase obrera.
En 1943 el Ejército derrocó al último gobierno de la Década Infame (Ramón Castillo). En realidad ningún sector salió en su defensa ya que existía un amplio consenso sobre el carácter ilegítimo y fraudulento del régimen que se había iniciado con el golpe militar de 1930 que había derrocado a Yrigoyen. Igualmente fueron intervenidas las tres provincias argentinas en las cuales no imperaba el fraude electoral: San Luis, Córdoba y Entre Ríos, estas dos últimas gobernadas por el radicalismo. El golpe militar de 1943 sorprendió y confundió a los actores políticos y sociales.
Dentro del gobierno militar existían varios grupos y subgrupos. Uno de ellos se constituyó a partir de un entendimiento precario entre los coroneles Perón y Mercante y un influyente sector del sindicalismo representando por los socialistas Borlenghi y Domenech y Juan A. Bramuglia, y sindicalistas revolucionarios como Capozzi, para concretar gran cantidad de demandas históricas de los trabajadores.
En el curso de dos años (1943-1945) el grupo sindical-militar liderado por Perón, fue sumando algunos apoyos en el radicalismo (Antille, Quijano, Colom, FORJA) y llegó a convertirse en el sector más influyente del gobierno militar.
Pero también, como contratendencia, impulsó la formación de un amplio movimiento opositor, en el que terminarían confluyendo prácticamente todos los grupos organizados hasta entonces: desde los partidos Comunista y Socialista y la Federación Universitaria Argentina (FUA), hasta la embajada norteamericana, la Sociedad Rural Argentina de los terratenientes y la Bolsa de Comercio, pasando por el Partido Demócrata Progresista, los conservadores del Partido Demócrata Nacional y la Unión Cívica Radical Antipersonalista. La Unión Cívica Radical se sumaría a este último frente, aunque con importantes discrepancias internas.

El 45 y la derrota del alvearismo

El 19 de setiembre de 1945 la oposición apareció unida por primera vez con una enorme manifestación de más de 200.000 personas, la Marcha de la Constitución y la Libertad, que se dirigió del Congreso a la Recoleta. 50 personalidades de la oposición encabezaban la marcha, entre ellos 3 radicales unionistas (Tamborini, Mosca y Sanmartino) y un radical intransigente (Oddone). El historiador Miguel Angel Scenna comenta aquel hecho diciendo que:
La marcha fue una espectacular demostración de poderío de la oposición. Una larga y compacta masa de 200.000 personas -algo pocas veces o nunca visto- cubrió aceras y calzadas.
Se ha dicho que la manifestación estaba mayoritariamente integrada por personas de clase media y alta, lo que resulta históricamente indiscutible, pero ello no invalida el significado histórico de su amplitud social y su pluralidad política. Es posible decir que una de las dos mitades en que se estaba dividiendo la población estaba allí.
La Marcha desencadenó una sucesión de asonadas militares antiperonistas que se concretaron el 10 de octubre cuando el gobierno militar le pidió la renuncia y luego ordenó la detención de Perón. En ese momento los líderes del movimiento opositor tuvieron el país y el gobierno a su disposición. "Perón era un cadáver político" y el gobierno militar conducido formalmente por Farrel y controlado por el general Eduardo Avalos solo pretendía entregar el poder a los civiles lo antes posible.
Inmediatamente después de la renuncia de Perón, la Casa Radical de la calle Tucumán en Buenos Aires, se convirtió en el centro de deliberación de la oposición. La Mesa Directiva de la UCR deliberaba a puertas abiertas. El público, en el que los comunistas eran mayoría, acusaban de "colaboracionistas" a los radicales intransigentes, en especial a Sabattini, y exigía sus renuncias. Los días pasaron sin que se tomara ninguna resolución. Recién el 15 de octubre la Mesa Directiva decidió emitir una declaración pidiendo que se entregara el poder a la Corte Suprema, aunque para entonces ya era sabido que esa no era una posibilidad real.
Los líderes opositores cometieron graves errores: uno de ellos, no organizarse y esperar pasivamente que las Fuerzas Armadas actuaran. Otro error, mucho más grave, fue aceptar y muchas veces impulsar, el revanchismo patronal. El día miércoles 16 de octubre era día de pago:
Al ir a cobrar la quincena, los obreros se encontraron con que el salario del feriado 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción patronal. -¡Vayan a reclamarle a Perón!- era la sarcástica respuesta.

Al día siguiente, 17 de octubre de 1945, se produjo uno de los hechos decisivos de la historia argentina. Un sector social desconocido, por completo ausente de la historia argentina hasta ese momento, irrumpió tomando Buenos Aires y exigiendo la libertad de Perón. La ciudad fue tomada por decenas de miles de obreros y obreras, provenientes de las zonas industriales que venían creciendo en la periferia de la ciudad.
Los manifestantes venían acompañados de toda una nueva generación de jóvenes e inexpertos delegados de base sindicales pertenecientes a la CGT. Fue una movilización completamente pacífica, pero la conmoción política y cultural fue de tal magnitud, que en pocas horas el triunfo seguro del movimiento antiperonista de una semana atrás se había diluido, al igual que el poder que aún le quedaba al gobierno militar. Esa misma noche Perón fue puesto en libertad y pocos días después se estableció la fecha de las elecciones: 24 de febrero de 1946.

Enrique Mosca, unionista, rodeado de jóvenes radicales en 1946

Las fuerzas políticas opositoras no percibieron el significado socio-económico de la movilización obrera del 17 de octubre ni el sector social que estaba emergiendo. Los bandos quedaron como estaban y polarizaron aún más su enfrentamiento. Recuerda el historiador radical Félix Luna:

Diez días después del fenómeno popular más significativo y trascendente de esos años, ya nadie se acordaba de él en el campo opositor. No merecía analizarse. No había existido. La oposición contraponía al amargo recuerdo del 17 de Octubre la exaltación del 19 de setiembre, fecha en que se realizó la marcha de la Constitución y la Libertad y afirmaba en ese éxito su certeza de que la unidad de las fuerzas democráticas garantizaba una abrumadora victoria electoral.

Todavía relegados dentro de la Unión Cívica Radical los intransigentes intentaron llamar la atención, sin que se los escuchara, sobre la naturaleza genuinamente popular de los trabajadores que salieron a apoyar a Perón. Crisólogo Larralde, por ejemplo, criticaba la actitud despectiva de la dirigencia radical hacia esos sectores del siguiente modo:

Asistimos a la condenación de las manifestaciones populares del 17 y 18 de Octubre; observamos que diarios, gremios, instituciones y partidos se empeñan en demostrar que los manifestantes no fueron el pueblo ni los obreros auténticos. El ciudadano que escribe este artículo, hijo de una inmigrante que trabajó como sirvienta y de un obrero que perdió hace 8 años su vida mientras conducía un carro, declara que en esa multitud que desfilo encontró gente del pueblo. El autor de este artículo se encontró a sí mismo en los niños de zapatillas rotas y mal vestidos; en muchos casos o en todos los que fueron tildados de descamisados.
En la segunda quincena de octubre los actores políticos y sociales definieron su estrategia electoral. Del lado del peronismo, se sumó un amplio sector de radicales entre los que se encontraban FORJA, Hortensio Quijano, Armando Antille, Eduardo Colom (director del periódico radical La Época), Diego Molinari, Miguel Tanco, Alberto Iturbe, Raúl Bustos Fierro, Bernardino H. Garaguso. Muchos de ellos fundarían la Unión Cívica Radical Junta Renovadora.
Del lado antiperonista los partidos Comunista, Socialista, Demócrata Progresista y el Partido Demócrata Nacional (conservador), definieron enseguida la necesidad de organizar un frente de unidad democrática, contando con el apoyo activo de las organizaciones patronales, la FUA y la embajada de Estados Unidos.
Solo la Unión Cívica Radical quedó indecisa, dirigida por los unionistas (alvearistas). El historiador Félix Luna sostiene que lo que realmente le preocupaba a la tradicional dirigencia de la UCR era el crecimiento de los intransigentes y la posibilidad que pudieran influir en la elección de los candidatos (Luna, 363/365). Los líderes radicales más importantes de aquel momento fueron José P. Tamborini, Enrique Mosca, Ernesto Sanmartino, Eduardo Laurencena, entre otros.

La Declaración de Avellaneda y el MIR

Los intransigentes, fuera del sistema partidario de toma de decisiones, se reunieron el 4 de abril de 1945 para redactar la famosa Declaración de Avellaneda, un programa político nacionalista de izquierda moderada. Poco después, el 1 de noviembre, en Rosario, quedó formalmente constituido el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR). Fueron sus fundadores entre otros: Arturo Frondizi, Ricardo Balbín, Crisólogo Larralde, Moisés Lebensohn, Oscar Alende, Juan Gauna, Raúl Rabanaque Caballero, Arturo Illia, Francisco Rabanal. Y adhieren luego, entre otros, Ricardo Rojas, Adolfo Güemes, Elpidio González, Ernesto Giuffra, Miguel Campero, Federico Monjardín.
La Declaración de Avellaneda es una condensación de los lineamientos políticos que los radicales intransigentes venían desarrollando desde mediados de la década del '30, concretándolo en un programa político apto para la situación histórica que el país vivía en ese momento.

En una breve síntesis la Declaración de Avellaneda sostiene:

* partir de "los ideales de la argentinidad"
* reivindicar a la Unión Cívica Radical como "la irrupción del pueblo en la escena política de la Nación"
* En lo político: reafirmación de la democracia, rechazo de los regímenes corporativos, y defensa del sistema municipal.
* En lo económico: reforma agraria, la nacionalización de los servicios públicos y monopolios, y libertad de inmigración.
* En lo social: legislación protectora de los trabajadores, enseñanza gratuita y laica en todos los ciclos, y defensa de los principios de la Reforma Universitaria.
* Dar absoluta prioridad a la defensa de la intangibilidad de las libertades individuales
* En lo partidario: depurar la UCR, sostener el compromiso de no dividirla y oponerse a toda alianza con otras fuerzas políticas.

Cercano políticamente al MIR, sosteniendo también un programa de ideas nacionalistas de base yrigoyenista, pero más moderado, permaneció autónomo el Movimiento de Intransigencia Nacional (MIN), conducido por el cordobés Amadeo Sabattini.

Elecciones de 1946

Finalmente el 14 de noviembre de 1945 la mayoría unionista de la UCR, en contra de la posición minoritaria de los intransigentes, decidió integrar la Unión Democrática. La fórmula estaría integrada por dos radicales unionistas: José P. Tamborini, para presidente; y para vicepresidente Enrique Mosca, que ya había sido candidato a vicepresidente con Alvear en 1937.
Durante la campaña electoral el gobierno militar controlado por Perón, sancionó el decreto-ley 33.302/45 creando el aguinaldo y otras mejoras laborales. Las organizaciones patronales resistieron abiertamente la medida. Al finalizar diciembre de 1945 ninguna empresa había pagado el aguinaldo. La CGT declaró entonces una huelga general, que fue respondida por el sector empresario con un lock-out en las grandes tiendas comerciales.
Durante más de un mes la Unión Cívica Radical se mantuvo en silencio frente al conflicto. Finalmente se prenunció el 12 de enero de 1946 apoyando la postura empresarial en contra del aguinaldo. Pero seis días después, fue el propio sector empresario el que llegó a un acuerdo con los sindicatos y decidido aceptar el aguinaldo, aunque pagándolo en dos cuotas.
Entretanto tanto, los intransigentes de la Provincia de Buenos Aires, lograron que el unionismo convocara a las primeras elecciones internas por voto directo de la historia argentina para elegir candidato a gobernador. Las elecciones se realizaron el 13 de enero, ganando los candidatos del MIR (intransigentes), Juan Prats y Crisólogo Larralde.

Balbín y Larralde, los primeros triunfos intransigentes

Menos de dos semanas antes de las elecciones, el 11 de febrero de 1946, tomó estado público una iniciativa oficial del gobierno de los Estados Unidos, con el título de "Consulta entre las repúblicas americanas respecto de la situación argentina", que fue más conocido como el Libro Azul. La iniciativa había sido preparada por Spruille Braden y consistía en un intento, por parte de Estados Unidos de abrir un proceso de ocupación militar conjunta de Argentina, aplicando la llamada Doctrina Rodríguez Larreta. Inmediatamente la Unión Democrática apoyó el Libro Azul y adicionalmente exigió la inhabilitación legal de Perón para ser candidato. Perón a su vez contraatacó planteando públicamente una simple disyuntiva que resultó sumamente exitosa: Braden o Perón.

Contra todos los pronósticos y las expectativas de ambos bandos, en las elecciones del 24 de febrero ganó Perón por 1.478.500 votos (55%) contra 1.212.300 votos a favor de Tamborini (45%), ganando además en todas la provincias menos Corrientes.
Félix Luna destaca el silencio y la completa falta de análisis por parte de los partidos políticos y los medios de comunicación, posterior a las elecciones. Era evidente que en la Argentina se había producido un cambio profundo, económico, social y cultural. Todo un nuevo y enorme sector de la población, había venido formándose a partir de 1930. Pero en gran parte por las características fraudulentas del sistema político que gobernó entre 1930-1943, esos cambios sociopolíticos no podían percibirse correctamente. En 1945 irrumpió de golpe en la vida política argentina un nuevo grupo social vinculado a las industrialización, las migraciones internas y la conformación de la clase obrera, con nuevas necesidades y un nuevo lenguaje, que se expresó a través del peronismo.
La derrota electoral de 1946 no pudo dejar de impactar en los partidos de la Unión Democrática. Los partidos Comunista, Socialista, Demócrata Progresista y Demócrata Nacional sufrirán consecuencias irreversibles, y entrarán en un largo período de decadencia.
Para la Unión Cívica Radical llegó la oportunidad de que se impusieran las tendencias yrigoyenistas que venían madurando desde más de una década atrás.

Intransigencia y renovación

Al momento de las elecciones de febrero 1946 la Unión Cívica Radical estaba a punto de dividirse en dos: por un lado el unionismo en dirección a integrar un bloque conservador frontalmente opuesto al peronismo; y por el otro lado la intransigencia en dirección a integrar un bloque social-democrático, articulado con el comunismo, el socialismo y la democracia progresista, capaz de entablar un diálogo positivo con el peronismo alrededor de los derechos del trabajo, pero al mismo tiempo de enfrentarlo en materia de garantías democráticas.
En las elecciones del '46 la Unión Cívica Radical obtuvo 44 bancas en la Cámara de Diputados. Se llamó el Bloque de los 44 y fue presidido por Ricardo Balbín con un importante protagonismo de Arturo Frondizi. Ante el desprestigio de la conducción de la UCR luego de la derrota electoral, el Bloque de los 44 asumió el liderazgo de hecho del partido. El bloque radical asumió una posición de apoyo a la sanción de leyes sociales, laborales y relacionadas con el nacionalismo económico, pero se opuso a las normas de características anti-democráticas, como aquellas que limitaban el derecho de expresión, la libertad de prensa o conferían amplias facultades a la policía. En general los radicales unionistas cuestionaron el accionar de los intransigentes en el Bloque de los 44 por considerarlo "colaboracionista".

Balbín y Frondizi, renovación de los liderazgos.

Los unionistas intentan mantener el control de la UCR oponiéndose al voto directo, y restringiendo la presencia de los intransigentes en los cargos partidarios. En 1947 la UCR se encontraba dividida de hecho: por un lado los unionistas convocaban al Comité Nacional, sin presencia intransigente, y por el otro, estos últimos realizaban el Congreso del MIR en Avellaneda, adoptando como programa la Declaración de Avellaneda y aprobando la Declaración Política redactada por Lebensohn que ponía en evidencia la profunda fractura interna que afectaba al radicalismo:
El advenimiento de éste régimen fue posible sólo por la crisis del radicalismo, que trajo la crisis de nuestra democracia. Sus direcciones accidentales habíanse apartado de su deber histórico. Soslayaron la lucha contra las expresiones nacionales e internacionales del privilegio y favorecieron de este modo su predominio en la vida argentina. La infiltración de tendencias conservadoras pospuso la defensa combativa de los derechos vitales del hombre del pueblo y de las exigencias del desarrollo nacional, a las conveniencias particulares de un sistema de intereses creados adueñados de los resortes de la producción. Este sistema jamás reflejó el pensamiento del radicalismo. Pudo mantenerse bloqueando la voluntad de los afiliados a quienes excluyó de las resoluciones fundamentales y mediante la invocación de sentimientos de solidaridad, agitados como escudo para proteger su política de hechos consumados, en los trances de reacción provocados por sus defecciones. Así este sistema, desleal al país, sofocó las persistentes demandas de rectificación, alejó a la juventud, creó el clima de la decepción popular, desarmó el espíritu del hombre del común y precipitó la situación actual, prestando la mayor contribución al establecimiento de los discrecionalismos que desde 1930 humillan a la República.
La UCR enfrenta la última etapa de su crisis en esta hora de reconstrucción, que queremos profunda. Plantea un dilema decisivo en la suerte del país: o un partido que podría llevar su nombre, pero en negación del espíritu radical, que es lo que ansían los intereses conservadores, o sea, la permanencia del drama argentino; o un radicalismo fiel a su origen y a su entraña popular, cual lo sienten los argentinos con vocación de justicia. Sólo un radicalismo de este sentido, renovado y reestructurado con nuevas ideas y nuevos procedimientos, que recoja el aliento de la época y la voluntad de elevar el contenido moral de nuestra vida pública, podrá realizar el país del mañana, forjar el progreso nacional y el bienestar social y edificar un régimen de verdadera libertad y de verdadera justicia, que contemple como valores esenciales a la dignidad y al pleno desarrollo de la vida y la felicidad de cada ser humano.
Finalmente, en el Congreso del MIR de 1947, los intransigentes aprobaron también el Ideario elaborado por Moisés Lebensohn que dice:

1. Reivindicación de las bases federalistas y comunales;
2. Reforma política. Sufragio femenino, neutralidad política de la administración y entes autárquicos;
3. Democratización de la cultura. Reposición de la Reforma Universitaria (1919) y de la Ley 1420 (1884);
4. Democracia económica. Control de la economía en base a un planeamiento fijado por los órganos representativos de la voluntad popular que coloque a la riqueza natural, la producción, el crédito, las industrias, el consumo y el intercambio internacional al servicio del pueblo y no de minorías.
5. Nacionalización de los servicios públicos, energía, transporte, combustibles y de aquellas concentraciones capitalistas que constituyen "carteles" o monopolios, resguardando en tal forma al ámbito de la iniciativa privada en su realidad creadora.
6. Democratización industrial. Participación de técnicos, empleados y obreros, en la dirección y utilidades. Libertad sindical y derecho de huelga.
7. Reforma agraria inmediata y profunda, que coloque a la tierra, que no debe ser una mercancía, al servicio de la sociedad y el trabajo.
8. Reforma social que garantice a los habitantes: trabajo rígido y remunerado con dignidad, como deber esencial del Estado; nivel de vida decoroso; vivienda higiénica; protección de la salud como función social, acceso a la cultura. Régimen de la seguridad social que comprenda a toda la población durante el transcurso de la existencia humana: subsidios para la niñez, la educación, las enfermedades, la invalidez, desocupación y nupcialidad; seguro social;
9. Reforma financiera que haga incidir la carga impositiva sobre las grandes rentas y sobre la valoración producida por el trabajo colectivo.
10. Política tendiente a la cooperación económica mundial, a la unidad económica con los países vecinos y, progresivamente, con el resto de América.
11. Sostenimiento de la política internacional de Yrigoyen.
Paradójicamente, la ruptura de la UCR, que parecía inevitable antes de las elecciones, no se produjo debido a la fuerza unificadora que implicó el hecho de constituirse en el principal partido de oposición, y sobre todo por las fuertes restricciones y censura que el peronismo impuso a la actividad política opositora. El caso de Balbín, presidente del bloque parlamentario de la UCR, expulsado en 1949 por la mayoría peronistas de su banca de diputado y encarcelado en tres oportunidades, se constituyó en un símbolo de las restricciones impuestas por el peronismo. Durante el curso del gobierno peronista los intransigentes fueron imponiendo su presencia y el retorno de la UCR al yrigoyenismo. Sin embargo, la permanencia de los unionistas dentro de la UCR, y la propia dinámica impuesta por el peronismo en la construcción del Estado de bienestar, voto femenino e igualación de los derechos de hombres y mujeres, así como el cercenamiento de los derechos políticos de las minorías, impulsó le emergencia de un nuevo realineamiento interno en la UCR relacionado con la posición estratégica frente al peronismo.
Los viejos unionistas en bloque y algunos intransigentes, fueron inclinándose por una posición de rechazo duro del peronismo basada en la disyuntiva democracia-fascismo. Años más tarde esa oposición dura al peronismo será generalizadamente conocida con el término "gorilas". Pero otro grupo de intransigentes se inclinaron por una estrategia de promover la democratización del peronismo con el fin de consolidar los avances del Estado de bienestar y el industrialismo. Por su parte el peronismo fue endureciendo su persecución sobre el radicalismo, despojando de sus bancas a diputados como Ricardo Balbín y Ernesto Sanmartino, incluso encarcelándolos.
En 1948 los intransigentes obtuvieron, por primera vez, la elección del Comité Nacional por voto directo. Ese Comité Nacional aprobó como programa de la UCR la Declaración de Avellaneda.
Ese mismo año de 1948 el peronismo había propuesto reformar la Constitución. En la Convención Nacional de la UCR, presidida por Ricardo Rojas, volvieron a enfrentarse dos posiciones: un sector, apoyado por el unionismo, sostuvo la abstención; la mayoría, apoyada por los intransigentes, decidió participar con posiciones propias. Por esta decisión, el bloque radical presidido por Moisés Lebensohn fue criticado y acusado de estar produciendo una peronización de la UCR, aún cuando los convencionales radicales se retiraron de las sesiones argumentando que la ley del Congreso que declaró la necesidad de reformar la constitución, carecía de la mayoría exigida. Un nuevo debate interno en la UCR sobre la Constitución de 1949, se produjo cuando el unionismo propuso que los diputados radicales se negaran a jurar la nueva Constitución y renunciaran masivamente a sus bancas, que no llegó a properar.
En las elecciones presidenciales de 1951, la Unión Cívica Radical presentó la candidatura de dos intransigentes: Ricardo Balbín y Arturo Frondizi. Se impuso Perón obteniendo 4.744.803 votos, contra 2.416.712 que obtuvo Balbín.

En 1954, Arturo Frondizi fue elegido presidente del Comité Nacional.

La Unión Cívica Radical desempeñó también un rol importante en los levantamientos cívico-militares y la organización de comandos civiles armados, o comandos de hierro, que lucharon contra el peronismo.
Arturo Frondizi y el unionista Eduardo Laurencena habían firmado en 1951, junto a otros líderes políticos, la proclama golpista del General Benjamín Menéndez.
Durante el gobierno de Perón, los opositores formaron numerosos comandos civiles armados, mayoritariamente radicales, que llegaron a totalizar alrededor de 20.000 combatientes, aunque se estima que nunca pudieron reunirse simultáneamente más de 4.000.
Alrededor de la cuestión de los comandos civiles, hay que mencionar el caso de Roque Carranza, futuro ministro de Alfonsín y un grupo de radicales. El día 15 de abril de 1953, un grupo desconocido hizo estallar dos bombas durante un acto de la CGT en Plaza de Mayo que mataron a 6 personas y dejaron 95 heridos. La policía detuvo a Roque Carranza, acusándolo de dirigir el grupo terrorista que cometió el atentado. En esas condiciones Carranza y otros 12 radicales involucrados confesaron ser los autores, siendo condenados a prisión. En 1955 fueron liberados por orden de Perón y entonces tanto Carranza como el resto de los detenidos denunciaron haber confesado bajo tortura, describiendo las circunstancias de la misma con lujo de detalles. Nunca volvió a investigarse quienes fueron los integrantes del grupo que colocó las bombas.
Luego del levantamiento de junio de 1955, Perón intentó llegar a un acuerdo con las fuerzas políticas de oposición, que no prosperó. En esa oportunidad, Frondizi, que había sido elegido presidente de la UCR el añó anterior, pronuncia un histórico discurso por la cadena nacional de radio reclamando la vigencia de las libertades políticas. En setiembre de 1955 las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de Juan D. Perón y dieron origen a la Revolución Libertadora.
Historia de la Unión Cívica Radical: 1930-1943

Marcelo T. de Alvear dominó la UCR en los años ´30

En Argentina, el 6 de setiembre de 1930, un golpe de estado militar dirigido por José Félix Uriburu derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Fue el primero de una larga serie de golpes e intervenciones militares en el gobierno del país hasta 1983.
Desde que se sancionó la ley del voto secreto en 1912, la Unión Cívica Radical, creada en 1891, se había convertido en el partido político hegemónico, gobernando ininterrumpidamente entre 1916 y 1930.
Producido el golpe militar que lo derrocó, Yrigoyen fue detenido. Naturalmente el liderazgo de la Unión Cívica Radical pasó a Marcelo T. de Alvear, quien había sido presidente de la Nación entre 1922 y 1928. Se inició así un largo período que se extenderá hasta 1947, en el que las ideas y el estilo más conservador que caracterizaba a Alvear, explícitamente crítico de las ideas yrigoyenistas, conducirán hegemónicamente la Unión Cívica Radical.

La década infame

En la historia argentina, el período que va desde la caída de Yrigoyen al golpe de estado de 1943 es conocido como Década Infame.
El golpe militar contó con la complicidad de importantes líderes radicales y la tolerancia de la mayor parte de ellos. Por otra parte, prácticamente todos los sectores políticos y los medios de comunicación (comunistas, socialistas, sindicalistas, la FUA, los conservadores, la prensa) consideraban a Yrigoyen como un tirano y consideraban que su caída se imponía.
El gobierno militar organizó un sistema inspirado en el fascismo, que combinaba un estado represivo que comenzó a utilizar sistemáticamente la tortura y el espionaje contra los opositores, con un mecanismo de fraude electoral generalizado. El general Uriburu, abierto simpatizante del fascismo italiano y el falangismo español, pensaba que el gobierno militar debía tener una corta duración y preparar una etapa institucional en la que se dejara sin efecto la Ley Sáenz Peña de voto secreto, y se reemplazara el Congreso con un organismo representativo de la corporaciones. Por su parte el caudillo conservador de Buenos Aires, Manuel Fresco, sustento importante del golpe y también público fascista, había creado su propia policía militarizada y se exhibía imitando a Mussolini. Su acceso al poder se realizó mediante una elección viciada de violencia en la incluso fueron asesinados varios opositores. El sistema resultante fue denominado por el propio gobierno como "fraude patriótico o fraude político", y tenía como fin declarado evitar que la Unión Cívica Radical volviera a triunfar en las elecciones presidenciales. Se mantendría hasta 1943 cuando un nuevo golpe militar le puso fin.

Resistencia y abstención (1930-1935)

Los militares detuvieron a Yrigoyen y lo confinaron en la Isla Martín García, en el medio del Río de la Plata. Con Yrigoyen detenido, era el ex Presidente Marcelo T. de Alvear quien aparecía como líder natural para tomar el mando de la UCR.
Alvear apoyó inicialmente el golpe de estado con una declaración pública a la prensa desde su domicilio en París, en la que entre otras cosas sostuvo:
Tenía que ser así. Yrigoyen, con una ignorancia absoluta de toda práctica de gobierno democrático, parece que se hubiera complacido en menoscabar las instituciones. Gobernar, no es payar... Mi impresión, que transmito al pueblo argentino, es de que el ejército, que ha jurado defender la Constitución, debe merecer nuestra confianza y que no será una guardia pretoriana ni que esté dispuesto a tolerar la obra nefasta de ningún dictador.
Con la situación aparentemente controlada, seis meses después del golpe, Uriburu convocó a una seguidilla de elecciones para designar autoridades provinciales. Sin embargo, en la primera de ellas realizada en la provincia de Buenos Aires el 5 de abril de 1931, para sorpresa del gobierno, ganó el ex canciller Honorio Pueyrredón, hombre muy cercano de Yrigoyen. Uriburu anuló de inmediato las elecciones, pero resultó evidente que los golpistas precisaban diseñar más cuidadosamente un régimen que impidiera toda posibilidad de triunfo del yrigoyenismo.
Inicialmente existía la posibilidad de que la dictadura militar encontrara en Alvear la salida política que estaba buscando. El 25 de abril de 1931 Alvear, quien tenía su residencia en París, volvió al país y se entrevistó con el dictador José Félix Uriburu, antiguo amigo personal. Sin embargo, poco a poco, la posibilidad de que Alvear fuera apoyado por la dictadura como el próximo presidente se fue desvaneciendo.
La UCR entonces, y el propio Alvear, comenzó a adoptar una actitud más francamente opositora, y a reorganizarse bajo el liderazgo de Marcelo T. de Alvear, en la llamada «Junta del City»[4] donde confluyeron yrigoyenistas y algunos antiguos antipersonalistas. Por su parte los radicales antipersonalistas formaron la «Junta del Castelar» con una posición más dialoguista con la dictadura.

Simultáneamente Yrigoyen auspiciaba esa orientación diciendo:

Hay que rodear a Marcelo.
Marcelo es radical, le falta apostolado pero es radical.

El 28 de septiembre de 1931 la Convención Nacional de la UCR proclamó la fórmula presidencial Marcelo T. de Alvear-Adolfo Guemes, que fue prohibida por el gobierno. Como respuesta el radicalismo declaró la abstención electoral.
Poco después todos los altos dirigentes de la UCR fueron detenidos y expulsados del país. El régimen militar prohibió que integraran listas electorales aquellos que hubieran sido funcionarios del gobierno radical y llamó a nuevas elecciones nacionales. El 27 de octubre de 1931 la Unión Cívica Radical declaró la abstención y publicó un documento redactado por Ricardo Rojas titulado El Comicio Cerrado que entre otras cosas dice:
"El espíritu del radicalismo, que es el espíritu de Mayo y de la Constituyente, palpita no solo en la reforma electoral contra la oligarquía política, sino también en la reforma universitaria contra la oligarquía doctoral, y en la reforma obrera contra la oligarquía económica. Estas tres fuerzas reaccionarias, de filiación exótica o anacrónica, son las que se han unido contra la Unión Cívica Radical apoyándose en prejuicios virreinales y en ambiciones entorchadas".
Con el radicalismo impedido de concurrir a elecciones, triunfó sin mayores dificultades quien era el jefe del Ejército, el general Agustín P. Justo, apoyado en una Concertación integrada por los conservadores reagrupados en el Partido Demócrata Nacional, la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente.
De este modo terminó de formarse un sistema que ha sido considerado ilegítimo por parte de prácticamente todos los sectores de la sociedad argentina, que combinó represión policial con una parodia de sistema electoral que sus propios defensores denominaron "fraude patriótico" y que se extendería hasta el golpe militar de 1943.
Este período fue bautizado por el periodista José Luis Torres con el término de "la Década Infame" y ha sido generalizadamente adoptado.
Carlos Ibarguren, destacado intelectual que se desempeñó en altos cargos en el autonomismo antes del triunfo de Yrigoyen y colaboró activamente con el gobierno de Uriburu, explicaba de este modo la necesidad de recurrir al fraude sistemático:
...las mayorías argentinas, por su reciente incorporación al país, no se han consustanciado con la esencia de la nacionalidad, viven una minoría de edad, son arrastradas por los demagogos, no analizan suficientemente los deberes inherentes a ese derecho que se les ha otorgado y necesitan de una tutela.
Manuel Fresco, por su parte, uno de los más importantes dirigentes conservadores de aquella época explicaba los fundamentos de aquel régimen sosteniendo que:
"El fraude... impide el regreso de las masas entregadas a la demagogia y el poderío indiscriminado del número".
A su vez el fraude patriótico encubriría todo un sistema de corrupción, negociados y favores hacia los grandes grupos económicos. En cierto modo la Argentina había vuelto a la situación anterior a 1916, pero en un nuevo contexto socio-económico de urbanización, expansión de la política fiscal, crecimiento del Estado, desarrollo industrial y expansión de la clase obrera, que se volvería más y más incompatible con un sistema característico de sociedades rurales.
Algunos pequeños grupos radicales intentaron resistir y protagonizaron actos insurrecionales, como las que encabezaron Toranzo y Pomar en 1931, los Kennedy y Cattáneo en 1932, y la sublevación de Paso de los Libres en 1933. Pero carecieron de suficiente de adhesión popular y de toda posibilidad de éxito. En esas condiciones la UCR recurrió a su histórica estrategia abstencionista, que mantendría hasta 1935.
El 3 de abril de 1933 murió Hipólito Yrigoyen. Una vez más sorprendiendo las expectativas oficiales, el pueblo de la ciudad de Buenos Aires realizó una de las manifestaciones masivas más extraordinarias de la historia argentina. Sin embargo fue un acto aislado. La UCR no estaba en condiciones de canalizar el sentir de la mayoría de la población, que quedaría marginada de la política.
En aquellos años, el libro "El hombre que está solo y espera" escrito por Raúl Scalabrini Ortiz en 1931, expresaba cabalmente esa situación de horfandad del hombre común, llamado en el libro el "hombre de Corrientes y Esmeralda".

Participación electoral (1935-1943)

Se ha criticado mucho la actitud de convalidación que la UCR mantuvo durante la Década Infame. Derrocado y preso Yrigoyen, los antipersonalistas, bajo la dirección de Marcelo T. de Alvear, tomaron control de partido. El historiador Miguel Angel Scenna dice que "el radicalismo conducido por Alvear desechó la vía revolucionaria y aceptó casi con fatalismo ser furgón de cola de las minorías encaramadas por la fuerza en el gobierno". Hay que tener en cuenta que dos de los presidentes que gobernarán en esa década, Agustín P. Justo y Roberto M. Ortiz, habían sido ministros de Alvear. Parte del elenco dirigente de la Unión Cívica Radical en este período serán Tamborini, Noel, Cantilo, Honorio Pueyrredón, Torino y Mosca.
En 1935, la Unión Cívica Radical decidió levantar la abstención y participar en las elecciones. Fue sobre todo a partir de este momento que la Unión Cívica Radical quedó comprometida con el régimen impuesto durante la década infame. El historiador Antonio Cayro sostuvo que desde ese instante la UCR fue: {{cita|un partido que sirve, colabora y se complica con todos los recursos en el fraude patriótico, ese sistema definitorio de la llamada década infame.
En 1935 la UCR triunfó en Entre Ríos[14] y en Tucumán con Miguel Campero como gobernador. En 1936 la UCR obtuvo un importante triunfo en la provincia de Córdoba, resultando Amadeo Sabattini elegido gobernador, ese mismo año ganó también en las elecciones parlamentarias de la Capital Federal. No obstante esos triunfos, en las elecciones presidenciales de 1937 el candidato de la Concordancia, el radical antipersonalista Roberto M. Ortiz, venció a Marcelo T. de Alvear, candidato de la UCR, utilizando un fraude generalizado y público.
El cuestionamiento a la posición alvearista de convalidación implícita del fraude fue reiteradamente puesta en evidencia por los nuevos dirigentes jóvenes que reivindicaban el yrigoyenismo y adherían a una posición intransigente. Un ejemplo fue Ricardo Balbín, que elegido diputado provincial en 1940, renunció a su banca en protesta y rechazo del fraude.
Durante el liderazgo de Alvear la UCR mantuvo una postura internacional de cuestionamiento a los regímenes totalitarios de Italia, Alemania y la Unión Soviética, y participó activamente en apoyo a la República durante la Guerra Civil española , en un contexto político nacional atravezado por los conflictos bélicos e idelógicos mundiales. Por otra parte varios dirigentes radicales, incluido el propio Alvear, fueron parte de los actos de corrupción que caracterizaron la Década Infame, en particular el negociado de la concesión del servicio eléctrico de Buenos Aires a la CHADE.

FORJA

El mismo año que la UCR decidió participar en el sistema electoral de la década infame, el 29 de junio de 1935, un grupo de jóvenes radicales yrigoyenistas fundaron FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una pequeña agrupación radical que funcionaría en el famoso sótano de Lavalle 1725 de la ciudad de Buenos Aires, y que tendría un extraordinario impacto cultural sobre todas las corrientes políticas argentinas en el futuro. Algunos de los integrantes de FORJA fueron: Gabriel del Mazo, Arturo Jaureche, Homero Manzi, Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane. FORJA se disolvió el 15 noviembre de 1945 para integrarse al peronismo.

Primeros pasos del yrigoyenismo intransigente

Fuera del alvearismo, ampliamente dominante en la UCR, se movían inorgánicamente algunos dirigentes críticos del oficialismo. Este grupo tendía a referenciarse en Amadeo Sabattini, pero fue Moisés Lebensohn quién comenzó a desarrollar una ideología común partiendo de una reinterpretación crítica del yrigoyenismo. La historiadora Brauner Rodgers (1990) ha graficado el contenido ideológico de esta corriente denominándolo "nacionalismo yrigoyenista". Su novedoso programa político se apoyaba en dos puntos básicos: nacionalismo petrolero y reforma agraria.

Moises Lebensohn ideólogo, del nacionalismo yrigoyenista

Mientras tanto algunos jóvenes radicales como Crisólogo Larralde intentaban, por primera vez, vincular a la UCR con el movimiento obrero como una totalidad e insertar la idea de justicia social en el corazón del programa radical. En el mismo sentido, en un hecho sin precedentes en la historia del radicalismo, el 1º de mayo de 1936, Arturo Frondizi, con 28 años, habló en el gigantesco acto de la CGT, uno de los más grandes de la historia argentina. Otros jóvenes radicales renovadores se irían conglomerando lentamente, entre ellos Ricardo Balbín, Arturo Illia, Gabriel del Mazo (padre de la Reforma Universitaria y fundador de FORJA), Alejandro Gómez. Este último describía aquel momento de la UCR del siguiente modo:
...los jóvenes no encontrábamos el rumbo, en un partido que consentía el fraude, o colaboraba con él.

El 23 de marzo de 1942 murió Marcelo T. de Alvear. El grupo de radicales antipersonalistas que acompañaban a Alvear tomaron la conducción del partido y se llamaron a sí mismos "unionistas". Entre ellos estaban José P. Tamborini, Enrique Mosca, Eduardo Laurencena y Gabriel Oddone, asumiendo este último la presidencia del Comité Nacional.
Para mayo las ideas de "renovación" y "radicalización" del radicalismo, aún sin articulación clara, comenzaron a tomar cuerpo en el el V Congreso de la Juventud Radical realizado en Chivilcoy. En un tímido cambio de tendencia, ese mismo año, la UCR comenzó a mantener algunas reuniones con los Partidos Socialista, Comunista y Demócrata Cristiano para conformar una fuerza democrática amplia y oponerse a los conservadores.
Pero habría que esperar al fracaso estrepitoso de la dirigencia radical en los sucesos de octubre de 1945 y las elecciones de 1946, para que la nueva ideología intransigente, que tomó cuerpo con la s:Declaración de Avellaneda de 1945, pudiera ser adoptada por la UCR en 1947. Aunque para entonces un nuevo factor socio-político había emergido en la Argentina: el peronismo.

Historia de la Unión Cívica Radical: 1916-1930

De Hipólito Yrigoyen a Marcelo T. de Alvear.

En 1916 se eligió por primera vez en Argentina al presidente de la Nación utilizando el sistema de voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones, que había sido establecido por la Ley Sáenz Peña cuatro años antes. Hasta entonces las elecciones se realizaban por el llamado "voto cantado" que permitía toda clase de abusos y fraudes, y que llevó a la Unión Cívica Radical a realizar tres insurrecciones armadas en 1890,1893 y 1905.
El las elecciones de 1916 triunfó la Unión Cívica Radical resultando elegido presidente Hipólito Yrigoyen. A partir de entonces se abriría una serie ininterrumpida de tres presidencias radicales, la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928) y la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928-1930). Esta última fue interrumpida por un golpe de estado militar producido el 6 de setiembre de 1930, encabezado por el general José Félix Uriburu.

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922)

El triunfo electoral del radicalismo significó la llegada a la conducción de diferentes ámbitos estatales, de un amplio sector social que hasta ese momento estaba excluido de los puestos públicos de dirección. Se trataba de sectores medios, sin grandes recursos económicos, ni conexiones con las clases altas. La presencia de funcionarios "sin apellido" fue uno de los temas preferidos para bromas de la prensa conservadora.
Durante el primer gobierno de Yrigoyen el radicalismo estuvo en minoría en el Congreso: en la Cámara de Diputados 45 miembros eran radicales y 70 opositores, mientras que en el Senado sobre 30 miembros solo 4 eran radicales.
Aún en minoría, Yrigoyen mantuvo una actitud poco proclive al diálogo y la negociación, no sólo con los partidos tradicionales conservadores que controlaban el Senado, sino que también con los nuevos partidos populares que adquirieron protagonismo a partir del voto secreto: el Partido Socialista y del Partido Demócrata Progresista.
Yrigoyen gobernó prácticamente sin recurrir al Congreso y puso en práctica una política generalizada de intervenciones a las provincias con el fin de debilitar a la oposición. Prácticamente todas las provincias fueron intervenidas, con excepción de Santa Fe, Buenos Aires y Jujuy.
Por otra parte Yrigoyen impuso un estilo de conducción muy personal y directa, en el que sus ministros aparecían con escasa autonomía. La oposición, y más adelante un amplio sector de la UCR, criticaría severamente este estilo, que fue denominado como personalista.
Durante su gobierno Yrigoyen impulsó una serie de políticas que en conjunto implicaban una tendencia transformadora.

Política económica

Gabriel del Mazo, importante historiador del radicalismo, dice que el gobierno de Yrigoyen se caracterizó por su "Plan de Tierra y Petróleo", en la que el Estado se reservaba un rol de intervención decisivo. El radicalismo mostró una tendencia económica que se apartaba del liberalismo clásico, a partir de la idea de intervención del Estado en la economía. El nacionalismo económico de Yrigoyen resulta claramente expuesto en los fundamentos al veto de la ley ferroviaria que la oposición conservadora logró sancionar en 1920, donde dice:

"La política del P.E. es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país... El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos".

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF)
La decisión más destacada del gobierno radical fue la creación en 1922 de la empresa estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que en el futuro sería la más grande del país y llegaría a emplear 50.000 trabajadores. Yrigoyen designó al General Enrique Mosconi al frente de la misma, y abrió toda una línea de políticas económicas nacionalistas y anti-monopolio. Desde entonces el radicalismo haría de YPF una bandera ideológica.

La tierra

El gobierno de Yrigoyen logró que se sancionasen una serie de leyes de arrendamientos rurales para proteger a los colonos y chacareros frente a los grandes propietarios de tierra. En el mismo sentido reorganizó el Banco Hipotecario Nacional para apoyar con crédito subsidiado a los pequeños propietarios rurales. En 1918, por primera vez, el Estado intervino como vendedor único de la cosecha de cereales en el exterior.

Otras medidas de nacionalismo económico

Yrigoyen creó la Marina Mercante Nacional. Impulsó también una política de expansión y fortalecimiento de los ferrocarriles estatales, y se enfrentó con las poderosas empresas ferroviarias extranjeras al vetar la ley de formación de una empresa de ferrocarriles mixta, sancionada por la oposición. Realizó el llamado Tren de las Nubes (Huaytiquina), del Ferrocarril General Belgrano, conectando Salta con el océano Pacífico en Antofagasta (Chile), a través de la cordillera de los Andes, una gigantesca obra de ingeniería.

Política educativa

En 1918 comienza el movimiento de Reforma Universitaria.
Durante el gobierno de Yrigoyen estalló en Córdoba el movimiento de Reforma Universitaria de 1918. Varios jóvenes radicales participaron en el movimiento como Gabriel del Mazo, uno de sus líderes principales. Yrigoyen apoyó los reclamos de autonomía universitaria y cogobierno estudiantil y aprobó los primeros estatutos reformistas.

Política internacional

La política internacional de Yrigoyen fue motivo de fuertes discusiones, incluso en el seno del radicalismo. Yrigoyen básicamente sostuvo una política que puso un fuerte acento sobre la cuestión de la autodeterminación e igualdad de las naciones, frente a las grandes potencias. La oposición interna y extrapartidaria criticó reiteradamente las decisiones del radicalismo en materia de política exterior, utilizando el argumento de que llevaría al aislamiento del país. Sobre esa base:

* Mantuvo la neutralidad en la Primera Guerra Mundial pero con fuertes reclamos a los países beligerantes de ambos bandos.
* En 1917, convocó a un Congreso de Naciones Latinoamericanas no beligerantes para fijar una posición común frente a la Primera Guerra Mundial, que fracasó debido a la fuerte oposición de Estados Unidos.
* Frente al Tratado de Versalles y la creación de la Liga de las Naciones, la posición argentina fue sostener la separación entre ambos actos: el Tratado era una cuestión que debería limitarse a los países que lucharon, mientras que la Liga de las Naciones, por el contrario, debería ser una asociación igualitaria y voluntaria de todas las naciones del mundo. El rechazo de la posición argentina, fundamentalmente impulsado por las naciones imperiales europeas, en una época en que los pueblos de Africa y Asia aún continuaban gobernados por el colonialismo europeo, llevó a un polémico retiro de la delegación nacional.

Politica laboral

Huelguistas detenidos. En 1922 el ejército fusila a más de mil huelguistas en la Patagonia.
Huelguistas detenidos. En 1922 el ejército fusila a más de mil huelguistas en la Patagonia.

La política laboral del gobierno radical fue sumamente contradictoria. Por un lado impulsó la sanción de leyes laborales y mandó al Congreso en 1921 un proyecto de Código del Trabajo, en un sentido coincidente con los reclamos que los socialistas y el movimiento obrero venían realizando desde décadas atrás. Actuó además como mediador en numerosos conflictos laborales, promoviendo la negociación de acuerdos basados en la justicia social.
Pero, por otro lado, mantuvo relaciones muy conflictivas con el Partido Socialista, que tenía una importante representación parlamentaria, y con el sector mayoritario del movimiento obrero, negándole a la FORA su derecho a representar a los trabajadores argentinos en el acto de constitución de la OIT (1919), por lo que el gobierno argentino fue seriamente reprendido por el organismo internacional.Yrigoyen decidió disolver la Federación de Obreros Petroleros (FOP) y reprimió las protestas de los trabajadores en YPF. Durante su gobierno se produjeron las más grandes masacres obreras de la historia: la Semana Trágica de 1919 y los fusilamientos de la Patagonia de 1921/1922.

El gobierno de Marcelo T. de Alvear (1922-1928)

Las elecciones presidenciales se realizaron el 2 de abril de 1922. Marcelo T. de Alvear, por la UCR, obtuvo el triunfo con 450.000 votos; la Concentración Nacional (alianza electoral conservadora) obtuvo 200.000 votos; el Partido Socialista obtuvo 75.000 votos; y el Partido Demócrata Progresista obtuvo 75.000 votos. El Vicepresidente fue Elpidio González.
Marcelo T. de Alvear desarrolló una presidencia marcadamente diferente, en estilo y contenido a la de Hipólito Yrigoyen.
En primer lugar, el radicalismo durante su mandato, manifestó una clara vocación de diálogo y alianzas con otras fuerzas políticas, en particular con los socialistas y demócratas progresistas. La presencia de militantes radicales en el gabinete fue reducida y los ministros y secretarios gozaron de mayor autonomía. El ministro Nicolás Matienzo desempeñó un rol de coordinación del gabinete. Dos ministros del gabinete de Alvear serían durante la Década Infame presidentes de la Nación: Agustín P. Justo y Roberto M. Ortiz.
En segundo lugar, las políticas de transformación económica, políticas y social que había delineado el gobierno de Yrigoyen, resultaron atenuadas, cuando no directamente revertidas, durante el gobierno de Alvear. Es lo que sucedió con la Reforma Universitaria, por ejemplo o con la decisión de Alvear de vetar el proyecto de ley que extendía la jubilación a amplios sectores de trabajadores y que lo enfrentó con el movimiento sindical. Ello no impidió sin embargo que fuera el gobierno de Alvear el que enviara al Congreso el proyecto de ley de nacionalización del petróleo, aunque nunca logró que fuera aprobado.

Yrigoyenismo vs. Antipersonalismo

La Unión Cívica Radical estaba dividida interiormente, desde principios de siglo, entre los llamados "azules" o "galeritas", de tendencia más conservadora y origen social de clase media alta, muy fuertes en la Ciudad de Buenos Aires, y los llamados "grises" de tendencia más popular y origen social de clase media baja, fuertes en la Provincia de Buenos Aires.
Las raíces del enfrentamiento se remontan a la época en que Alem e Yrigoyen estaban enfrentados. Muchos de los seguidores de Alem, como Barroetaveña, Torino, Le Breton, Gouchon, integraron las filas de antipersonalismo. Posteriormente, en 1909, Leopoldo Melo agrupó a un sector que se oponía al abstencionismo propuesto por Yrigoyen.
Pero es, a partir del fin del mandato de Yrigoyen en 1922 que el antipersonalismo tomó fuerza, en gran medida amparado por Marcelo T. de Alvear, que los apoyó abiertamente aunque sin abandonar la Unión Cívica Radical. Muchos de sus ministros eran radicales antipersonalistas: Gallo, Ortiz, Le Breton.
Estas diferencias llevaron a un enfrentamiento entre Alvear e Yrigoyen, que a su vez condujo a una división aún más profunda de la UCR entre yrigoyenistas y antipersonalistas. El líder del radicalismo antipersonalista fue Leopoldo Melo. Con él estaban entre otros Vicente Gallo, Tomás Le Breton, José P. Tamborini, Enrique Mosca, José C. Crotto, Roberto M. Ortiz, el lencinismo de Mendoza, el bloquismo de San Juan, los radicales principistas de Entre Ríos con Miguel Laurencena a la cabeza. Los antipersonalistas criticaban el liderazgo vertical y personalista de Yrigoyen, así como su personalidad cerrada y poco proclive al diálogo. Los antipersonalistas daban máxima importancia a una de las cuatro banderas que Leandro Alem señaló como bases del radicalismo: "la impersonalidad de la coalición".

La Unión Cívica Radical Antipersonalista

El radical antipersonalista Roberto M. Ortiz, sería presidente de la Nación en 1938.
En 1924 la UCR de la Ciudad de Buenos Aires se dividió: se constituyeron dos Comités paralelos y apareció la Unión Cívica Radical Antipersonalista liderada por Leopoldo Melo y Enrique Mosca.
En 1925, la Unión Cívica Radical Antipersonalista constituyó su propio Comité Nacional. En las elecciones parlamentarias de 1926 concurrió con candidatos propios y se ubicó como segunda fuerza nacional con 218.000 votos detrás de la UCR que obtuvo 338.000 votos. Debido a que los conservadores se habían ubicado terceros con 160.000 votos, la posibilidad de una alianza de conservadores y antipersonalistas aparecía como una posibilidad cierta para obtener la vitoria en las elecciones presidenciales de 1928.
Aunque Alvear apoyaba al antipersonalismo cuando el sector intentó intervenir la provincia de Buenos Aires para afectar la posibilidades electorales del yrigoyenismo, Alvear se negó y lo impidió, afectando seriamente al radicalismo antipersonalista.[8] La respuesta de Alvear a sus amigos antipersonalistas fue muy demostrativa de su posición política: “¡A mí no me vengan a joder! ¡ Arréglense solos y ganen si son más!
Simultáneamente, surgieron movimientos radicales autónomos, como el que desarrollaron los Lencinas en Mendoza. El "lencinismo" estaba enfrentado a Hipólito Yrigoyen y se alineó originalmente con los antipersonalistas. Pero poco habría de durar la alianza, en especial porque las políticas sociales del lencinismo (jornada de ocho horas, ley de salario mínimo, creación de cajas de jubilaciones y pensiones), entre otras, chocaban con el sesgo conservador del antipersonalismo. Debido a ello Alvear intervino Mendoza en 1924.
Los radicales yrigoyenistas como Horacio Oyhanarte, el Vicepresidente Elpidio González, Délfor del Valle, el gobernador de Buenos Aires José Luis Cantilo, y un grupo de jóvenes liderados por Diego Luis Molinari, defendían ardorosamente el fuerte liderazgo de Yrigoyen. Es entonces cuando apareció el apodo de "el peludo" que los antipersonalistas le asignaron a Yrigoyen por su personalidad cerrada.
En 1927, la Unión Cívica Radical Antipersonalista eligió como candidato a presidente a Leopoldo Melo, acompañado por Vicente Gallo para vicepresidente, que sería inmediatamente apoyado por la Confederación de las Derechas, unificadora de todo el espectro conservador.
A comienzos de 1928 el yrigoyenismo ganó en Tucumán, Santa Fe y sobre todo la gobernación de Córdoba, hasta ese momento en manos de los demócratas (Confederación de las Derechas). La vuelta de Yrigoyen al poder comenzó a visualizarse como un alud. En la campaña yrigoyenista participó Ignacio Corsini, un famoso cantor de tangos, quien cantó por todo país el tango de Enrique P. Maroni “Yrigoyen Presidente”.En marzo Yrigoyen fue elegido candidato a presidente, acompañado por Francisco Beiró.
El 1 de abril se realizaron las elecciones. Los dos candidatos con posibilidades eran radicales. Triunfó Yrigoyen por una diferencia aplastante: 840.000 votos contra 440.000 de Melo-Gallo. Los socialistas quedaron terceros con 65.000 votos. La asunción fue el 12 de octubre.

El segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen (1928-1930)

En 1929 se produjo la Gran Depresión que afectó dramáticamente al mundo entero. El radicalismo con Yrigoyen no supo responder a la crisis. El historiador radical Félix Luna dice de ese momento:
"La quiebra del ímpetu liberador del gobierno radical se debió fundamentalmente a la quiebra del radicalismo mismo".
El gobierno de Yrigoyen fue muy criticado por las intervenciones federales que dispuso y una serie de asesinatos políticos nunca resueltos adecuadamente.
Yrigoyen intervino las provincias de Mendoza y San Juan, gobernadas por opositores: el lencinismo en la primera, y el bloquismo de los Cantoni en la segunda. El 10 de noviembre de 1929 fue asesinado el senador opositor mendocino Carlos Washington Lencinas por un grupo yrigoyenista. Lógicamente se acusó a Yrigoyen de haberlo ordenado. El crimen causó estupor en el país. Un mes después hubo un atentado anarquista contra Yrigoyen al salir de su casa para ir a la Casa de Gobierno.
El año 1930 se inició con otro asesinato de un opositor en una provincia intervenida por el gobierno, el del abogado bloquista Manuel Ignacio Castellano en San Juan.
El 2 de marzo se realizaron elecciones parlamentarias que tuvieron un resultado negativo para la UCR. A nivel nacional la Unión Cívica Radical, con 655.000 votos, perdió frente a los 695.000 que obtuvo la oposición. Adicionalmente la UCR sufrió una derrota estrepitosa en el influyente distrito de la Ciudad de Buenos Aires, en el que el Partido Socialista Independiente obtuvo 100.000 votos, seguidos del Partido Socialista original con 84.000, que a su vez superó por mil votos a la UCR.

Casa de Yrigoyen saqueada por los golpistas en 1930

En plena crisis económica y política, y cuando aún faltaban cuatro años para las elecciones presidenciales, la debilidad del gobierno de Yrigoyen se hizo crítica. El radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición.
La actividad más importante y duradera del segundo gobierno de Yrigoyen fue su política petrolera y en especial la decisión de YPF de intervenir en el mercado petrolero , el 1 de agosto de 1930, para fijar el precio y romper los trusts. El golpe de estado sucedería apenas 37 días después, lo que ha llevado a varios historiadores a vincular, al menos parcialmente, el golpe militar con la decisión de YPF.
El 6 de setiembre de 1930 el general José Félix Uriburu derrocó al gobierno constitucional, iniciando una serie de golpes de estado que se extenderán hasta la década del '80 interrumpiendo todos los gobiernos surgidos del voto popular.
Al atardecer de ese día Ricardo Rojas, famoso historiador, dirigente radical y rector de la Universidad de Buenos Aires, le dijo a su esposa:

"Se acabó la Argentina...¡Y quién sabe por cuántos años!"

Tres años después, el 3 de abril de 1933, luego de haber permanecido la mayor parte del tiempo detenido, murió Hipólito Yrigoyen. El pueblo de la ciudad de Buenos Aires realizó entonces una de las manifestaciones masivas más extraordinarias y sorpresivas de la historia argentina

Historia de la Unión Cívica Radical: 1903 - 1916

La Unión Cívica Radical de Argentina, partido político de la Argentina, creado en 1891, protagonizó dos fallidas revoluciones armadas en 1890 y 1893 impulsada por el fraude electoral generalizado. El sistema de "voto cantado" instalaba un mecanismo electoral en el que era imposible garantizar elecciones libres.
Los fracasos políticos y militares llevaron a la Unión Cívica Radical a quedar prácticamente disuelta para 1897. En 1903 Hipólito Yrigoyen comenzó su refundación y reorganización y en 1905 dirigió un levantamiento armado conocido como la Revolución de 1905, que aunque fracasó logró presionar lo suficiente al partido oficialista como para producir una fractura interna que llevó a la sanción de la Ley de Voto Secreto en 1912. La primera elección presidencial realizada bajo el sistema de voto secreto dio la victoria a la Unión Cívica Radical y transformó en 1916 a Hipólito Yrigoyen en el primer presidente argentino elegido en elecciones libres.


Hipólito Yrigoyen

Hipólito Yrigoyen, era sobrino de Leandro Alem y cinco años menor que él. Durante una gran parte de su vida Yrigoyen se formó y desarrolló a la sombra de su tío, a quien admiraba profundamente. Hasta comienzos de la década de 1880 Yrigoyen había dependido y e incluso vivido en la casa de Alem. Fue entonces que decidió mudarse a una casa propia, definió un pensamiento original en torno al krausismo, y encontró una pasíón como profesor de las futuras maestras en la Escuela Normal, además de hacerse rico como estanciero.
Entre los años 1890-1896, Yrigoyen, a pesar del afecto que siempre sintió por Alem, comenzó a alejarse de él debido a que desconfiaba de sus cualidades para el liderazgo de la Unión Cívica Radical. Fue Yrigoyen quien, en los prímeros años de la década del '90, organizó el partido en la Provincia de Buenos Aires, pero lo hizo casi como si se tratara de una organización autónoma.
Yrigoyen desarrolló un estilo de liderazgo solitario y vertical, en el que las decisiones eran tomadas prácticamente sin consulta, debate o análisis con sus colaboradores. Este estilo "personal" de conducción fue sumamente criticado tanto dentro como fuera de la Unión Cívica Radical. Debido a ello años más adelante el radicalismo se fracturaría en yrigoyenistas y antipersonalistas.
La Revolución de 1893 fue organizada por Yrigoyen con absoluta autonomía de las instrucciones de Leandro Alem, organizando, dirigiendo y financiando, en la provincia de Buenos Aires, un ejército radical que llegó a sumar 8.000 soldados.
Luego de las muertes de Alem y Aristóbulo del Valle en 1896, Yrigoyen discrepó completamente con la orientación conciliadora con el mitrismo y el roquismo que Bernardo de Irigoyen le imprimío a la Unión Cívica Radical, una estrategia que se conoció como "política de las paralelas". Como respuesta Yrigoyen disolvió el Comité Radical de la Provincia de Buenos Aires causando, en la práctica, la desaparición de la UCR.

Refundación de la UCR

En 1903 Hipólito Yrigoyen comenzó a organizar nuevamente a la gran masa de personas que se sentían radicales, en todo el país, para preparar una nueva revolución armada. El 26 de julio de 1904, al cumplirse 14 años de la Revolución del 90, la Unión Cívica Radical realizó una enorme marcha hacia el Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, donde se encuentra el panteón de los revolucionarios radicales muertos en el levantamiento. A su término, luego de 7 años de inactividad, se constituyó el Comité Nacional, la máxima autoridad ejecutiva del partido para declarar la abstención electoral y advertir sobre la inminencia de un nuevo ciclo de lucha armada. En el manifiesto publicado aquel día la Unión Cívica Radical manifestaba su decisión de:
"perseverar en la lucha hasta modificar radicalmente esta situación anormal y de fuerza, por los medios que su patriotismo le inspire".

Revolución de 1905.

La noche del 3 de febrero de 1905 la Unión Cívica Radical inició otro levantamiento armado, la Revolución de 1905, preparado minuciosamente por Yrigoyen durante tres años. Pero el gobierno lo estaba esperando y desbarató los planes revolucionarios en el inicio mismo del movimiento, cuando el General Carlos Smith, jefe del Estado Mayor del Ejército, se adelantó a tomar el Arsenal de Buenos Aires con tropas propias y desplazó a los soldados yrigoyenistas que se preparaban para controlar aquel puesto estratégico. La revolución se extendió por Buenos Aires y varias ciudades del país, pero asfixiada en el inicio y sin armas, la misma ya estaba vencida para el mediodía del sábado 4 de febrero. Solo Córdoba y Mendoza continuaron combatiendo hasta el 8 de febrero. El gobierno del presidente Quintana detuvo y mandó a enjuiciar a los sublevados, que fueron condenados con penas de hasta 8 años de prisión y enviados a la cruel cárcel de Ushuaia, en Tierra del Fuego.
La revolución fue derrotada pero desencadenaría una corriente de cambio institucional dentro del oficialismo que ya no se detendría. El roquismo se había dividido, y tanto Carlos Pellegrini como Roque Sáenz Peña, principales referentes de la línea modernista del Partido Autonomista Nacional, comprendían la necesidad de realizar profunos cambios institucionales para contener el creciente conflicto social y político.

Prisión y reorganización

Luego de la derrota de la Revolución de 1905 la Unión Cívica Radical volvió a quedar desorganizada, pero poco a poco fue recomponiendo sus estructuras y el 31 de diciembre de 1909 el Comité Nacional volvió a reunirse. En esa ocasión resolvió declarar la abstención en las elecciones presidenciales del año siguiente, Año del Centenario, hasta que se sancionara un régimen electoral capaz de garantizar elecciones limpias.
Por entonces, el conflicto social había alcanzado un nivel de violencia sin antecedentes en la historia argentina. Ese año de 1909, 12 obreros habían sido asesinados por la policía en la marcha del 1º de Mayo. Los sindicatos declararon la huelga general y paralizaron el país en lo que se conoció como la Semana Roja de 1909.

La conquista del voto secreto

Desde la Independencia, Argentina había establecido un sistema electoral en el que el voto se expresaba verbalmente, o por medio de una papeleta, depositada en público y en forma voluntaria. El sistema, conocido como "voto cantado", había corrompido completamente el sistema electoral: los estancieros y caudillos locales obligaban a sus peones y "clientes" a votar a los candidatos que ellos elegían. Los resultados eran manipulados en cada mesa a punta de pistola y los jueces electorales se caracterizaban por su corrupción.
Por esa razón, la lucha por la democracia en Argentina, no se relacionó originalmente tanto con el sufragio universal (aunque la ley excluía del voto a las mujeres y a los inmigrantes, que llegaron a constituir el 30% de la población argentina y el 50% de la de Buenos Aires), sino con el voto secreto, en un "cuarto oscuro", que independizaba la voluntad del votante de toda presión externa.
La presión política del radicalismo y el incremento del conflicto social fueron determinantes para que el oficialista Partido Autonomista Nacional nominara a Roque Sáenz Peña para asumir como Presidente de la Nación en 1910. Sáenz Peña era el máximo representante de los sectores conservadores que aceptaban la necesidad de realizar cambios institucionales de fondo y que se habían organizado como "línea modernista" dentro del PAN .
En 1910 la UCR no estaba ya en condiciones de realizar nuevos alzamientos armados, pero Sáenz Peña no lo sabía. El oficialismo estaba convencido de la inminencia de una nueva revolución organizada por el radicalismo. "La revolución es un estado atmosférico" decía por entonces Ramón J. Cárcano, uno de los máximos referentes del conservadurismo progresista.

En esas condiciones, antes de asumir el mando, Sáenz Peña e Yrigoyen, quienes eran amigos desde la juventud, tuvieron un encuentro privado y decisivo en el que el presidente electo se comprometió a sancionar una ley de sufragio libre[4] . Influenciado por el temor a una nueva insurrección radical, Roque Sáenz Peña envió al Congreso un proyecto de ley estableciendo el voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones, que fue sancionada en 1912 y conocida desde entonces como la Ley Sáenz Peña.
La Ley significó un punto de inflección en la historia argentina, al establecer un mecanismo electoral que hacía sumamente difícil para el oficialismo continuar realizando fraudes masivos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que aquella ley no permitía votar a las mujeres, y por lo tanto, no establecía un sistema realmente democrático, en el sentido de la universalidad del voto. Recién en 1947 se reconoció el derecho a votar y ser votadas de las mujeres en las elecciones nacionales.
Con la Ley Sáenz Peña se abrió la posibilidad real de que las clases medias y las clases trabajadoras accedieran al poder político y el acto suele ser considerado para señalar el comienzo de la historia argentina contemporánea.
La Ley Sáenz Peña cerró un largo capítulo de la historia argentina en el que los ciudadanos no podían elegir libremente a sus representantes. Pero también abrió una nueva etapa histórica, en la que los conflictos sociales adquirirían una importancia decisiva.
En 1912, cuando se estaba discutiendo la ley del voto secreto y obligatorio, el estanciero Carlos Rodríguez Larreta, que fuera ministro del autonomismo, profesor de Derecho Constitucional en la UBA, y firme opositor al proyecto, señalaba con gran claridad lo que a su juicio serían las consecuencias políticas, sociales y laborales del voto secreto: "Si mi peón hubiera tenido la misma acción que yo para resolver los problemas económicos internacionales, o políticos del país, habríamos estado viviendo bajo un régimen absurdo. No ha sido así, gracias a Dios, porque yo he dirigido a mi peón. Pero el voto secreto lo independiza, al privarlo de una influencia saludable y legítima... Y lo malo es que, a menudo no tenemos un solo peón sino varios, y que algunos tienen muchos"

Elecciones libres y triunfo de la UCR

Ante la sanción de la ley de voto secreto y obligatorio en 1912, el radicalismo puso fin a su política de abstención electoral y concurrió a los comicios parlamentarios, sin formar alianzas electorales. Por primera vez se votó en el país con "cuarto oscuro". Las tradicionales prácticas de "comprar" los votos persistieron, pero una gran parte de la población aceptaba el dinero y luego votaba libremente en el cuarto oscuro. El presidente Sáenz Peña diría luego en el Congreso refiriéndose a los efectos de su ley:

Si hubo votos pagados, no hubo votos vendidos

Las consecuencias positivas para la UCR fueron inmediatas. El 31 de marzo la Unión Cívica Radical ganó las elecciones en la intervenida provincia de Santa Fe, resultando Manuel Menchaca elegido gobernador, y una semana después ganó las elecciones parlamentarias en la Ciudad de Buenos Aires. Ese mismo mes repitió los triunfos en Jujuy, La Rioja, Salta y Córdoba capital.
Entre los dirigentes radicales de ese momento se encontraban: Horacio Oyhanarte, Iturraspe, José Crotto (CF), Vicente Gallo (CF), Fernando Saguier (CF), Marcelo T. de Alvear (CF), José L. Cantilo (CF), Rogelio Araya (SF), Delfor del Valle (SF), Rodolfo Lehmann (SF), Enrique Mosca (SF), Elpidio González (CBA), Pelagio Luna (LR), José Néstor Lencinas (Mza), Federico Cantoni (SJ).
Los triunfos electorales del radicalismo llevaron rápidamente al colapso del Partido Autonomista Nacional. En 1913 muchos de los grupos internos que lo formaban se sumaron a la UCR. La propia Unión Cívica Nacional (mitrista), se auto-disolvió a propuesta de Honorio Pueyrredón y sus miembros ingresaron masivamente al radicalismo.
En 1914 la UCR ganó las gobernaciones de Entre Ríos, con Miguel Laurencena y, sobre todo, la crucial provincia de Córdoba, con Eufrasio Loza.

Las elecciones presidenciales de 1916

En 1916 correspondía elegir al presidente, por primera vez en la historia argentina, mediante el voto secreto. Como era evidente que sucedería, el 21 de marzo la Convención Nacional de la UCR eligió como candidato a presidente a Hipólito Yrigoyen por 140 votos contra 5, en medio de una ovación. Sin embargo ante la incredulidad general, Yrigoyen no aceptó la candidatura. Todo un día de presiones y conciliábulos fueron necesarios para que finalmente aceptara, poco antes de anochecer.
Las elecciones se realizaron el 2 de abril de 1916. La UCR obtuvo 370.000 votos, contra 340.000 votos de todos los demás partidos.
Pero Argentina por entonces tenía un sistema de elecciones indirectas y era en el Colegio Electoral donde debía resolverse la elección definitiva del presidente. En las elecciones la UCR alcanzó 152 delegados, uno más de lo necesario. Durante tres meses y medio el autonomismo oficialista intentaría comprometer a los socialistas y democrata-progresistas, para formar una candidatura alternativa capaz de romper el bloque radical.
Finalmente, el 20 de julio de 1916, los socialistas, conducidos por Juan B. Justo, los demócrata-progresistas conducidos por el ex-radical Lisandro de la Torre, decidieron no apoyar al radicalismo, pero este tampoco se rompió y logró imponer sus candidatos con electores propios. Hipólito Yrigoyen fue elegido presidente y el riojano Pelagio Luna, vicepresidente.
Comenzó así un largo ciclo de 14 años consecutivos de gobiernos radicales. La Unión Cívica Radical ganaría las elecciones presidenciales en tres ocasiones sucesivas: Hipólito Yrigoyen (1916-1922), Marcelo T. de Alvear (1922-1928), y nuevamente Hipólito Yrigoyen (1928-1930). La serie de gobiernos radicales fue violentamente interrumpida mediante el golpe militar del 6 de setiembre de 1930.

PRESIDENTE DR. DON RAUL RICARDO ALFONSIN...por siempre!!!!!

EN ESTE MOMENTO QUIERO ESCRIBIR...PERO SIENTO UN NUDO EN LA GARGANTA...Y LAS LAGRIMAS BROTAN UNA ATRAS DE OTRA Y ME PREGUNTO QUE PONER???... SI PUEDO ESCRIBIR MUCHAS COSAS... PERO QUE MAS DE LO QUE YA SE A DICHO...
SOLO TRATAR DE EXPRESAR UN SENTIMIENTO Y TENGO UN RECUERDO...
RECUERDO CUANDO ME TENDISTE TU MANO Y YO LA TOME, UNA MANO FIRME...
Y AL VER TU MIRADA TRANSPARENTE QUE TRANSMITIA PAZ...ERA LO QUE MI ALMA NECESITABA...
TU VOZ ME DABA LAS FUERZAS PARA SALIR DEL DOLOR...
Y ME DEJE GUIAR...
ME ENSEÑASTE LOS VALORES ETICOS ESENCIALES DE LA VIDA...
MIS DERECHOS Y CON ELLOS LA LIBERTAD!!!
DE TUS LABIOS ESCUCHE CON VOZ FIRME Y CON SENTIDO ALGO QUE HABIA APRENDIDO DE MEMORIA Y NO ENTENDIA...
"constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino"
FUISTE PARA MI UN PADRE QUE ME ENSEÑO EL CAMINO...Y AL CAMINAR ESTE...ENCONTRE QUE ERAS LA LUZ...
Y CON LOS AÑOS ESE SENTIMIENTO SE FUE AGIGANTANDO CON TU FIGURA...
HOY YA NO ESTAS...Y SIENTO QUE SE NOS FUE EL "FARO DE LA DEMOCRACIA" PERO QUEDO TU LUZ PARA SIEMPRE ENCENDIDA...

UN TEXTO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR JAMAS:
"Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino; invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución para la Nación Argentina."

QUE SIGNIFICA SER RADICAL

AUNQUE USTED NO LO CREA... ESTO ES ARGENTINA EN LA ERA KK!!!

MI MAMA ANDUVO CORTANDO LA RUTA

El periodista Osvaldo Bazan, nos cuenta con orgullo, la historia de su familia y el campo, una nota escrita con simpleza y sinceridad, pero tambien con orgullo.
Una nota para leer y recomendar...

Osvaldo Bazán

02.06.2008



Mejor, las rutas, porque estuvo por la 34, en Salto Grande, pero también por la 9, cerca de Armstrong, anduvo por Bouquet, cerca del límite con Córdoba, con mi madrina, con mi primo Horacio, que llega al piquete a la medianoche con su esposa y los chicos. Mi primo es de esa generación nueva de chacareros que eligieron no vivir en la ciudad, porque la ciudad ofrece menos oportunidades que el ancho mar de la soja. Trabaja el campo del abuelo, que ahora es de todos los tíos. Habla de igual a igual con el contador, el ingeniero agrónomo, el intendente del pueblo. Una noche en el corte asaron un lechón y lo compartieron con los camioneros. Otra noche fue un chivito. Horacio me dijo, hace unos años, en la época de Duhalde, caminando por entre miles de plantitas verdes: “yo no estoy en contra de las retenciones porque sé que es o las retenciones o la guerra civil. Pero es increíble que en la Capital nunca escuchen lo que nos pasa, sólo nos hablan para pedirnos”.
Recién hace tres años que la ruta que une Bouquet con cualquier otra localidad es asfaltada. Sin una 4 x 4 no llegaba al campo, los chicos no podían ir a la escuela y que a nadie se le ocurra enfermarse. No es una zona marginal. Es el centro exacto del planeta soja. De eso habla mi primo Horacio cuando habla de no ser escuchado.
Mi papá fue peón en el campo del padre de mi mamá.
Mi mamá también.
Ella era poco más que una nena rubia y él poco más que un adolescente morocho cuando se enamoraron y se prometieron una vida mejor. Ninguno de los dos pudo terminar la escuela primaria: se impuso el trabajo en el campo. En las mañanas con escarcha arrastraban entre las piernas la maleta –una especie de enorme tubo hecho con arpillera y cuero– que iban llenando con las mazorcas del maíz, antes de que existieran las cosechadoras. Ni él ni ella tenían zapatillas. A mis abuelos no les molestaba el trabajo infantil. Siempre les pareció una buena manera de aliviar la tarea. De ellos. Papá hacía muñequitas con las espigas más jóvenes de maíz.
Eran el juguete de mamá.
Mis abuelos se murieron sin haberse jamás dirigido la palabra. Se despreciaban.
El papá de mi papá era criollo, músico, borracho.
El papá de mi mamá era italiano, tacaño, quejoso.
Egoístas y machistas eran los dos.
Casi al mismo tiempo el país expulsaba al primero y seducía al segundo.
Al padre de mi papá lo llamaban los caciques del Partido Demócrata Progresista para que animara con su bandoneón los asados del comité. Le pagaban con vino, le daban la papeleta para que vote y se desentendían. El viejo se subía al sulky, seguido de los perros y se perdía en cualquier par de tetas provincianas. Dicen que tengo tíos no reconocidos en toda la provincia. Papá odiaba a su papá por eso. Su mamá sufrió en silencio la muerte de una hija recién nacida y el Dr. Silvestre Begnis le salvó la vida a mi papá, cuando ya estaba casi muerto.
Al padre de mi mamá Perón le dio un campito a pagar en cómodas cuotas y allá fue, con todos sus hijos. Trabajaba el abuelo, sí, pero cada dos por tres le hacía vender unas cuántas gallinas a la abuela. Con la plata que juntaba desaparecía cuatro o cinco días. No dejó hijos por la provincia. Sólo todo el dinero de las gallinas en las carreras de caballos en el Parque Independencia de Rosario y algunas putas enamoradas. Mientras tanto, la abuela, sola, en un rancho con nueve hijos y sin electricidad ni comunicación con los vecinos, no lloraba. Nunca vi a la abuela con un batón que no fuera negro.
Papá y mamá se vinieron a la Capital.
Él se convirtió en el mecanógrafo más rápido entre los oficinistas navales. Silbaba mientras escribía a máquina, virtud que hizo que una vez Francisco Manrique lo felicitara. También aprendió solito a sacar fotos para poder vivir sin patrones. Mamá entró como operaria en la Fábrica Argentina de Alpargatas (aún hoy dice, con no sé qué orgullo raro, “Fábrica Argentina de Alpargatas”), pero antes tuvo que sacar el carné peronista. Si no, no trabajaba. Entre sus peores recuerdos está la entrada del delegado a la fábrica para ordenarle que deje de pegar suelas y suba a un camión con un destino único: la Plaza de Mayo.
La ciudad no los sedujo. Apenas pudieron volvieron al pueblo, en Santa Fe. Él como fotógrafo, ella puso una zapatería, quizá para vengarse de la escarcha de la cosecha.
Hoy mamá tiene 73 años y un retazo de 11 hectáreas del campo aquel, que le da una renta anual de siete mil pesos. Mi mamá no habla de “el campo”. Ella habla de “los colonos”. Porque en el pueblo todavía se habla de “los colonos”. Papá –que nunca tuvo tierra– se reía de la aristocracia del pueblo: “Son ricos porque las vacas son infieles”, decía. Y les sacaba fotos y se las vendía, y así crecía el pueblito.
Lo que más llamó mi atención cuando me vine hace doce años a vivir a Buenos Aires es que en la Capital no se siente que el país sea más grande que este montón de casas, mientras que la presencia porteña en toda la Argentina es constante.
Hace días que me ronda la idea de que estas historias mínimas son las que se juegan en el “conflicto del campo”. Contarlas en Buenos Aires es lo que puedo hacer en nombre del lugar de donde vengo.

gentileza:Diario Crítica de la Argentina.

BASTA KRISTINA!!!

Los 25 años de la Democracia nos encuentran a los argentinos en una situación extremadamente preocupante. El fracaso del diálogo de los funcionarios del gobierno con los dirigentes ruralistas y el clima de confrontación que ello ha generado, debe llamarnos a todos a la reflexión y hacernos ver, que por esa vía no cabe esperar ninguna solución duradera. Solo el sano ejercicio democrático con sus componentes de disenso, discusión y diálogo, en un marco de respeto mutuo y de buena voluntad, nos despejará el camino hacia el consenso. Y nos preservará de los enfrentamientos sin retornos, que tanto nos han herido a lo largo de la historia. Solo una democracia plena asegura el marco del entendimiento hacia la armonización de los intereses en juego, resguardando lo más importante: el bien común. Ningún Pueblo ha alcanzado sus objetivos, sin haber alcanzado previamente objetivos básicos y unidad de metas. En nuestro caso y en esta especial circunstancia en el que el contexto internacional nos ofrece oportunidades que difícilmente se repetirán, resulta incomprensible que el desencuentro nos ponga de espaldas a esas posibilidades. Por ello, todos debemos contribuir, por las vías institucionales desde nuestros roles, instando a los protagonistas, al diálogo sereno, ofreciendo toda la colaboración, voluntad y prudencia. En definitiva, cuidando la democracia y su basamento republicano con desinterés, grandeza, actitudes constructivas y poniendo por encima de todos el destino de nuestra Patria.

UCR JUNTARÁ FIRMAS EN EL OBELISCO EN APOYO AL CAMPO


Mañana a las 12

El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, estará mañana a partir de las 12, en la Plaza de la República, recolectando firmas para la derogación de la resolución Nº 125 del 11 de marzo pasado, que aumenta y convierte en móviles a las retenciones, y por una ley que las coparticipe a las provincias.
En dicha actividad estará presente el titular de la UCR, Gerardo Morales, junto a
demás autoridades del radicalismo y la Juventud Radical.


El campo lanzará su contraofensiva mediática

LA NACION accedió a los spots de radio y TV y a las solicitadas que difundirán masivamente los productores; insisten en explicar que no son responsables de la inflación y critican la política agropecuaria
El conflicto entre el campo y el Gobierno ganará aún más presencia en los medios. El sector agropecuario tiene en las gateras su contraofensiva a la campaña mediática del Gobierno: con solicitadas en los principales diarios y spots para radio y televisión explicarán por qué “con la actual política agropecuaria ‘perdemos todos”.
En los videos, audios y solicitadas a los que tuvo acceso LA NACION, y que se difundirían masivamente los próximos días, el sector insiste en aclarar que los productores no tienen nada que ver con la inflación.
Así, esta campaña se revela como una nueva estrategia para reforzar la alianza que, desde el principio del conflicto, el campo trabó con los consumidores.
A tal punto que, tras repasar que esta política genera menos producción, menos oferta y por tanto más inflación, utiliza el nosotros inclusivo para afirmar: "Los argentinos estamos esperando una solución".
Según una fuente del sector, este lanzamiento se venía postergando “para no perjudicar las negociaciones con el Gobierno”. Sin embargo, en el actual contexto de enrarecimiento del conflicto, estudian comenzar la difusión.











EL 25 de mayo, los radicales vamos a Rosario

Se agotó el modelo de poder kirchnerista.


El próximo domingo 25 de mayo la Unión Cívica Radical dirá presente en el acto organizado por las entidades del campo en el Monumento a la Bandera de Rosario.
Es un acto por la democracia, por la dignidad, y por la lucha del campo.
La Unión Cívica Radical acompaña la legítima la lucha del sector agropecuario consciente de que ello significa la defensa del interés general.
El conflicto suscitado con el campo ha sido absolutamente innecesario. Los radicales, en claro apoyo y solidaridad con el campo bregamos por hallar cuanto antes una solución para no perder la colosal situación internacional que nos permita seguir creciendo.
Junto a intendentes, legisladores nacionales y provinciales, afiliados y simpatizantes, la conducción del Comité Nacional de la UCR hace extensiva la invitación a quienes deseen sumarse con su apoyo al acto convocado en el Monumento a la Bandera de Rosario el próximo domingo 25 de Mayo.
El lugar de encuentro será el Comité Central de la Ciudad de Rosario sito en la calle Paraguay 358, a las 10 horas.